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Miguel Sebastián lleva la defensa de las joyas de Zapatero a un terreno surrealista

El exministro pasa de justificar los obsequios recibidos desde países árabes a plantear si esos presentes debían declararse, una evolución argumental que alimenta la polémica sobre el patrimonio hallado al expresidente

El exministro de Industria, Miguel Sebastián

El exministro de Industria, Miguel SebastiánCarlos Lujan

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Sandra Sánchez

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La defensa de las joyas encontradas en un despacho vinculado a José Luis Rodríguez Zapatero sigue incorporando capítulos. El último lo ha protagonizado el exministro Miguel Sebastián, que en apenas unas horas ha pasado de reivindicar la normalidad de este tipo de regalos institucionales a abrir un debate tan inesperado como llamativo: si realmente existía obligación de declarar obsequios de elevado valor recibidos durante el ejercicio de responsabilidades públicas.

La polémica arrancó tras conocerse la existencia de unas joyas valoradas provisionalmente en 1,3 millones de euros dentro de una caja fuerte abierta en la investigación sobre el expresidente. Desde entonces, el argumentario de sus defensores ha ido evolucionando a medida que aparecían nuevos detalles. Y Sebastián, abnegado soldado del zapaterismo, ha decidido dar un paso más en esa línea.

Primero lo hizo en televisión. Durante su intervención en laSexta Xplica, el exministro se mostró sorprendido por el revuelo generado y lanzó una pregunta que rápidamente llamó la atención. “¿Hay alguien que pueda creerse en su sano juicio que Zapatero y yo hemos sido los únicos cargos públicos que hemos recibido regalos o joyas de Arabia Saudí o países del Golfo?”, afirmó. “Porque si hay alguien que se crea eso es que nos estamos volviendo locos”, añadió.

Lejos de detenerse ahí, Sebastián ha publicado una extensa columna relatando una experiencia personal ocurrida en 2008, cuando viajó a Arabia Saudí siendo ministro de Industria. Según cuenta, un emisario del rey Abdalá le entregó una cartera que contenía un reloj, una pulsera, unos pendientes y un anillo de esmeraldas y brillantes. El relato pretende demostrar que este tipo de obsequios formaban parte de la normalidad diplomática de determinadas relaciones institucionales.

Sin obligación de declarar a Hacienda

La parte más llamativa de su explicación llega cuando aborda qué debía hacerse con esos regalos. Sebastián asegura que consultó a la oficial mayor de su ministerio y que ésta le trasladó que “lo habitual era que los obsequios se los quedaran los ministros”. Incluso sostiene que “no se tenía que declarar” al fisco porque no constituían una remuneración por ningún trabajo realizado.

De esta forma, el debate parece haber recorrido un largo camino en apenas unos días. Ya no se discute únicamente el origen de las joyas, ni su valor, ni siquiera si eran regalos personales o institucionales. La conversación ha acabado desplazándose hacia una cuestión distinta: qué ocurría con este tipo de presentes dentro de las administraciones públicas y cuáles eran las obligaciones de quienes los recibían.

Sebastián también rechaza cualquier sospecha sobre el origen de las piezas. “No hay ningún origen turbio. No lo hubo en mi caso y, con toda seguridad, no lo habrá en el caso de Zapatero”, escribe en su artículo. Además, asegura que le “repugna” escuchar que las joyas estaban “ocultas”, argumentando que guardarlas en una caja fuerte de un despacho es precisamente lo contrario de esconderlas.

Mientras la investigación sigue su curso, las explicaciones públicas continúan acumulándose. Y la sensación que deja la intervención del exministro es que la defensa de las joyas ha terminado entrando en un terreno cada vez más peculiar: el de discutir no ya el contenido del ajuar de Sonsoles Espinosa, sino si alguien debía preocuparse siquiera por declararlo a Hacienda. La enésima cabriola del relato.

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