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Junts, ¿cansado de Sánchez o movimiento interesado?: ya les "compraron" con la cuestión de confianza y la historia puede repetirse

La decisión de la Mesa del Congreso de rechazar la iniciativa promovida por Junts y PP para que la Cámara se pronunciara sobre un adelanto electoral ha provocado una dura reacción de los independentistas. Sin embargo no es la primera vez que los de Carles Puigdemont demuestran enfado para acabar sacando tajada.

La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, pasa por delante de Pedro Sánchez y las vicepresidentas Montero y Díaz.

La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, pasa por delante de Pedro Sánchez y las vicepresidentas Montero y Díaz.Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

Alejandro Ibáñez
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Aparentemente lo sucedido este martes ha provocado aún más enfado en las filas de Junts con el presidente del Gobierno. La decisión de la Mesa del Congreso de bloquear su iniciativa para que la Cámara instara al presidente del Gobierno a convocar elecciones ha abierto, en principio, un nuevo frente político con una formación catalana que parece al límite. Junts ha reaccionado con dureza después de que la Mesa —donde PSOE y Sumar tienen mayoría— rechazara tanto su enmienda como la presentada por el PP para que el Congreso pudiera pronunciarse sobre un eventual adelanto electoral.

En un comunicado difundido este martes tras la decisión de la Mesa, el partido de Carles Puigdemont ha interpretado la decisión como una muestra del momento político que atraviesa el Ejecutivo: “Queda claro, tras esta decisión, la evidencia de la debilidad extrema en la que se encuentra el Gobierno del Estado español, incapaz de afrontar una sencilla votación en el pleno”. 

El partido considera “inaudita” la decisión adoptada por la Mesa y ha puesto sobre la mesa un precedente que, a su juicio, desmonta el argumento utilizado ahora para impedir la tramitación. La formación independentista ha recordado que en febrero de 2025 registró una proposición no de ley para pedir que Sánchez se sometiera a una cuestión de confianza y sostiene que aquella iniciativa fue admitida a trámite “sin ningún problema”. Aquí está la clave. Y es que tampoco fue "sin ningún problema", ya que esta petición de someterse a cuestión de confianza primero fue (como esta vez) rechazada por la Mesa.

Por aquellas fechas, durante semanas se especuló con un asedio parlamentario total a La Moncloa, pero la sangre no llegó al río. Junts levantó el pie del acelerador justo antes de cruzar la línea de no retorno. ¿Qué pasó realmente y qué obtuvo Carles Puigdemont a cambio de dar un respiro al presidente? El truco parlamentario comenzaba en la Mesa.

Una moción de censura conllevaba postular a un candidato alternativo a la presidencia en un escenario que les obligaba a retratarse e ir de la mano con el Partido Popular y Vox. En su lugar, los de Puigdemont optaron por una pirueta jurídica: registrar una iniciativa para obligar a Pedro Sánchez a someterse a una cuestión de confianza. El primer intento chocó contra la Mesa del Congreso. La Constitución dicta que activar ese mecanismo es una potestad exclusiva del presidente. 

Sin embargo, Junts rebajó la presión técnica del texto, limitándolo a "instar al presidente a considerar" dicha opción. Al convertirse en una propuesta puramente política y sin efectos jurídicos vinculantes, la Mesa le dio luz verde a principios de febrero de 2025

Del ultimátum a la retirada exprés

El choque en el pleno del Congreso estaba programado para la última semana de febrero y el Gobierno temblaba ante una votación que evidenciaría su extrema fragilidad legislativa. Pero el lunes 24 de febrero de 2025, la ejecutiva de Junts anunció por unanimidad la retirada fulminante de la iniciativa.

Desde las filas independentistas se apresuraron a matizar que el movimiento "no significaba que hubieran recuperado la confianza en el PSOE". No obstante, la realidad política discurría por canales mucho más pragmáticos: el pacto tenía un precio. Sánchez no compró el indulto parlamentario con promesas vacías, sino con carpetas tangibles que Junts necesitaba exhibir ante su electorado en Cataluña.

  • El trofeo de la inmigración: El verdadero motor del acuerdo fue el desbloqueo definitivo y el avance en el blindaje de la ley orgánica para delegar las competencias exclusivas en materia de inmigración a la Generalitat de Cataluña, una de las exigencias históricas y más lucrativas en términos políticos para el partido.
  • Oxígeno recíproco: El Gobierno, por medio de su portavoz Pilar Alegría, admitió con naturalidad que la desactivación de la crisis se produjo "a cambio de diálogo". Ambas partes entendieron que forzar la máquina en ese momento restaba más de lo que sumaba: Sánchez salvaba un 'match ball' y Junts mantenía abierta la ventanilla de negociación bilateral en Ginebra, asegurando que los acuerdos clave no encallaran antes de llegar al Boletín Oficial del Estado.

Es por ello que ahora los de Puigdemont pueden estar buscando una reacción por parte del Ejecutivo para sacarle más rédito. Lo que está claro es que el presidente del Gobierno parece tener claro que con socios o sin socios, con o sin mayoría parlamentaria, va a aguantar en la Moncloa el máximo tiempo posible. Veremos si de nuevo intenta "comprar" a los independentistas o asume que de aquí a lo que le queda está prácticamente solo.

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