El PNV se rompe entre el miedo a Sánchez y la “política de chupetes”
Dirigentes históricos alertan del desgaste electoral del partido, del avance de Bildu en los núcleos urbanos y de las tensiones internas por la estrategia diseñada desde la actual dirección nacionalista
Aitor Esteban, atrapado entre Sánchez y el empuje electoral de Bildu
Hace apenas dos semanas, ESdiario revelaba la celebración de una comida en un pueblo de Vizcaya, en la que participaron dirigentes del PNV, cargos públicos y lo que, en términos nacionalistas, se conoce como representantes de la “vieja guardia” de la formación sabiniana.
En esta comida se mostraba una gran preocupación por la imagen de sumisión que el PNV está dando ante la sociedad respecto a su apoyo a Pedro Sánchez y las consecuencias de este respaldo incondicional a un presidente del Gobierno que cada día está más acorralado por los casos de corrupción que afectan tanto a su entorno familiar como a una parte del PSOE muy cercana a sus intereses.
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A este respecto, una de las mayores quejas de los burukides (cabezas de partido) era que la posición incondicional del PNV hacia el apoyo al Gobierno socialista perjudicaba gravemente al partido, puesto que la sociedad podría ver una cierta equiparación del nacionalismo vasco con la falta de consecuencias políticas respecto a los casos de corrupción socialista conocidos y judicializados.
Además, consideran que esta situación puede manchar unas siglas y una marca que, en el plazo de un año, podrían pasar una importante factura en las urnas y debilitar los resultados del partido sabiniano en algo tan importante como los ayuntamientos y diputaciones, donde los peneuvistas podrían perder buena parte de su fuerza y verse obligados a entrar en una política de pactos que dificultaría su permanencia en el poder, particularmente en Vizcaya, territorio originario del PNV y por el que la formación nacionalista siempre fue calificada como “el partido bizkaitarra”.
La fortaleza de Bildu
En la actualidad, y si hacemos caso a las encuestas, el PNV está sufriendo un desgaste importante en ese territorio del que procede debido a que Bildu, que siempre ha sido fuerte en los núcleos rurales, está fortaleciéndose de manera significativa en los principales núcleos urbanos.
Este crecimiento se debe, fundamentalmente, a que existe un sentimiento de rechazo entre la juventud, que considera que el PNV ha dejado de ser el partido que les representa socialmente por tener “dirigentes de corbata y coche oficial” alejados de la realidad vasca. Mientras tanto, creen que Bildu puede ser un partido revolucionario capaz de agitar las inquietudes y necesidades de una juventud vasca que tiene dificultades para encontrar trabajo, lo que le obliga a trasladarse a otras provincias o al extranjero.
A ello se suman los importantes problemas de vivienda. A pesar de que desde tiempos inmemoriales el País Vasco ha tenido algunos de los precios de adquisición más caros de España, particularmente en San Sebastián y Bilbao, así como en los municipios costeros de la margen derecha, muchos jóvenes vascos están trasladando su residencia a localidades de Cantabria como Castro Urdiales, Laredo y otros puntos de la zona oriental de la comunidad autónoma, donde, aunque existe el mismo problema de carestía, los precios resultan más asequibles y la distancia con Bilbao se sitúa a menos de una hora por carretera.
La situación se agrava
Quince días después de aquella comida, las cosas en el seno del PNV se están agravando. Lo que antes eran críticas y conversaciones privadas e internas ahora se está recrudeciendo debido a la posición clara del lehendakari Imanol Pradales, que en los últimos días, en bastantes de sus intervenciones públicas, no ha dejado de manifestar que la actual legislatura del Gobierno de Pedro Sánchez está acabada y que, ante la parálisis legislativa del Ejecutivo y la falta de Presupuestos Generales del Estado, lo mejor sería la convocatoria de elecciones generales.
Estos burukides, que hasta el momento no han realizado declaraciones públicas para no dañar al partido, lanzan en privado dardos venenosos al presidente del PNV, Aitor Esteban. Aunque no discuten la imposibilidad de participar en una moción de censura contra Sánchez, ni siquiera de carácter instrumental por la presencia de Vox, sí se quejan de la falta de distanciamiento respecto a los socialistas.
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Además, se echan a temblar cuando en cualquier conversación aparece el tema de Tubos Reunidos, empresa que se encuentra en concurso de acreedores a pesar de haber sido rescatada y en cuyo rescate algunos de los dirigentes más importantes del nacionalismo intervinieron en las negociaciones previas entre partidos para determinar los términos de la operación.
Si hacemos caso a la rumorología política, la publicación de un posible informe de la UCO sobre la situación de esta empresa podría ser demoledora y muy dañina para la reputación del PNV.
La "política de chupetes"
Otro de los motivos de gran malestar entre este sector del partido sabiniano, particularmente en Vizcaya, es la designación del candidato a la Alcaldía de Bilbao, Mikel Hidalgo Boregaray, a propuesta del Bizkai Buru Batzar, como inicio de una “política del chupete” impulsada desde la dirección del PNV para intentar atraer el voto joven.
Sin embargo, sus críticos consideran que carece de experiencia de gestión tanto en el ámbito público como en el privado y que rompe con los esquemas tradicionales del nacionalismo en Bilbao, donde históricamente los candidatos a alcalde —José Luis Robles, José María Gorordo, Josu Ortuondo, Iñaki Azkuna y el actual alcalde, Juan Mari Aburto— siempre han contado en sus currículums con prestigio social, capacidad de gestión, profundo conocimiento de las necesidades de la ciudad y un “brillo particular” muy valorado por la sociología electoral bilbaína.
Este pasado domingo, en lo que cariñosamente en el País Vasco se denomina “la hoja parroquial”, el periódico Deia, el ex portavoz parlamentario en el Congreso Iñaki Anasagasti publicaba un comentario del ya fallecido expresidente del PNV Xabier Arzalluz referido a José Luis Rodríguez Zapatero que decía lo siguiente:
“Gentes sin columna vertebral, un día dicen una cosa, la semana siguiente otra, andan con un sombrero de moda y cada cierto tiempo sacan un conejo de la chistera, sonríen mucho, hacen grandes faenas a los cercanos, se encaprichan con la gente, tienen buena voluntad pero ningún proyecto coherente sobre casi nada”.
Posteriormente, Anasagasti se refería a Zapatero afirmando que “el mejor destino es el de supervisor de nubes, tumbado en una hamaca”.
Si trasladamos estas palabras de Arzalluz respecto a Zapatero y las comparamos con la situación que actualmente está generando Aitor Esteban con sus posiciones, sirven perfectamente para definir lo que está sucediendo en el seno del PNV, en una confrontación interna donde todos expresan su opinión al presidente del partido.
Pero Aitor Esteban, gran amante de la historia de los indios americanos, podría estar supervisando nubes a la espera de que Manitú le envíe una señal que le solucione los importantes problemas de un PNV nervioso, temeroso de ser superado en las urnas por Bildu y de convertirse en el partido que, por inacción y malas compañías, vea manchadas su marca y sus siglas de forma irreversible.