España, entre los países señalados por el GRECO por no cumplir las reglas anticorrupción
El Consejo de Europa mantiene a España en la lista de incumplidores junto a otros 14 Estados y le da hasta final de año para avanzar en sus compromisos de integridad pública.

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España vuelve a quedar bajo la lupa europea por sus carencias en materia anticorrupción, en un momento en que Bruselas y el Consejo de Europa están endureciendo el tono frente a los Estados que no avanzan al ritmo esperado. El informe del GRECO sitúa al país entre los 15 europeos que todavía no han aplicado por completo las recomendaciones para prevenir prácticas irregulares en los altos cargos y en los cuerpos de seguridad, una señal de que las reformas siguen siendo insuficientes o demasiado lentas.
El diagnóstico no se limita a una simple llamada de atención. Lo que refleja es que, pese a los compromisos asumidos en los últimos años, España todavía arrastra asignaturas pendientes en transparencia, control institucional y prevención de conflictos de interés. Para el organismo del Consejo de Europa, no basta con anunciar cambios: hace falta demostrar con hechos que las medidas se aprueban, se aplican y generan resultados verificables.
La preocupación se amplía porque la situación española no aparece aislada, sino enmarcada en una tendencia europea mucho más estricta. La Unión Europea ha impulsado en los últimos meses un refuerzo normativo para armonizar la lucha contra la corrupción, con nuevas reglas que buscan homogeneizar definiciones, elevar el nivel de castigo y cerrar vacíos legales entre países. Eso significa que los Estados miembros ya no pueden limitarse a mantener marcos generales de buenas intenciones, sino que están cada vez más obligados a demostrar avances concretos y medibles.
En el caso español, el GRECO concede margen hasta finales de este año para someterse a una nueva evaluación, aunque todavía no ha fijado una fecha exacta. Ese plazo actúa en la práctica como una cuenta atrás: el país tendrá que acreditar progresos reales si quiere salir de la lista de incumplidores y mejorar su imagen en un terreno especialmente sensible para la credibilidad institucional.
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La revisión volverá a examinar cuestiones como el control de la actividad de los altos cargos, la transparencia en su desempeño, la supervisión de sus decisiones y las herramientas disponibles para detectar posibles abusos antes de que se conviertan en escándalos públicos.
La lectura política del informe también es importante porque llega en un contexto en el que la corrupción sigue siendo uno de los asuntos que más deterioran la confianza ciudadana en las instituciones.
Cada nuevo señalamiento europeo alimenta la percepción de que las reformas llegan tarde o de forma insuficiente, y obliga a los gobiernos a justificar por qué determinadas medidas no terminan de aplicarse con la rapidez esperada. Para España, el reto no es solo cumplir con una recomendación externa, sino demostrar que tiene capacidad de fortalecer su arquitectura institucional de forma sostenida y creíble.
Además, el informe se suma a una secuencia de presión que ya venía creciendo en los últimos meses. El Consejo de Europa lleva tiempo insistiendo en que los países miembros deben cerrar las grietas que facilitan la opacidad, mejorar los controles internos y reforzar los sistemas de prevención, especialmente en ámbitos donde el poder político y administrativo tiene más margen de discrecionalidad. En ese escenario, aparecer de nuevo entre los incumplidores no es un detalle menor: significa que el país sigue sin cerrar una carpeta que en Europa se considera prioritaria.
Por eso, más que una advertencia puntual, este nuevo señalamiento funciona como una llamada a acelerar reformas que llevan tiempo sobre la mesa. España tendrá que decidir si convierte este toque de atención en un impulso para corregir fallos estructurales o si vuelve a dejar que el problema se prolongue hasta la siguiente revisión.