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La campaña del miedo de Sánchez cumple tres años: una lona contra Feijóo y Abascal para salvar la Moncloa

De la resistencia del 23-J al desgaste de 2026: Ferraz afronta ahora un escenario mucho más adverso.

Lona PSOE, 2021

Lona PSOE, 2021

Patricia Rodríguez Corchado

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El 7 de julio de 2023, Pedro Sánchez comenzó oficialmente la campaña de las elecciones generales del 23-J con una gigantesca lona desplegada en pleno centro de Madrid. La imagen resumía la estrategia diseñada por Ferraz para intentar una remontada que entonces parecía imposible: el presidente y sus ministros aparecían sonrientes y a todo color bajo la palabra «Adelante», mientras Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal eran retratados en blanco y negro junto al mensaje «Atrás».

El PSOE no pretendía únicamente reivindicar su gestión. Su objetivo era convertir aquellas elecciones en un plebiscito sobre la llegada de la derecha al poder y movilizar al electorado progresista mediante el temor a un posible Gobierno formado por PP y Vox. La formación socialista había sufrido apenas unas semanas antes una severa derrota en las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo, tras la que Sánchez disolvió las Cortes y adelantó los comicios generales.

La lona colocaba al presidente como barrera frente a Feijóo y Abascal. La disyuntiva que Ferraz trasladó a los ciudadanos era sencilla: continuar avanzando con Sánchez o retroceder con la derecha. Aquella campaña permitió al PSOE resistir mejor de lo previsto y obtener 121 diputados, aunque terminó necesitando el respaldo de Sumar y de los partidos nacionalistas e independentistas para conservar la Moncloa.

Tres años después, la escenografía ha cambiado, pero no el argumento central. Sánchez sigue presentando la posibilidad de un Ejecutivo de PP y Vox como una amenaza para los derechos sociales y el modelo territorial. La diferencia es que ahora lo hace desde una posición mucho más complicada y con un PSOE cercado por un desgaste que ya no procede únicamente de la gestión de Gobierno

En julio de 2021, los socialistas todavía conservaban los 120 diputados obtenidos en las elecciones de noviembre de 2019 y dirigían el primer Gobierno de coalición de la democracia reciente junto a Unidas Podemos. Sánchez acababa de conceder los indultos a los dirigentes condenados por el procés y defendía aquella decisión como el comienzo de una nueva etapa de convivencia en Cataluña.

El presidente tenía margen para reconstruir su Ejecutivo y solo tres días después, el 10 de julio de 2021, acometió una profunda remodelación del Consejo de Ministros. Salieron figuras como Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo y entró una nueva generación de dirigentes socialistas. El Gobierno afrontaba el reparto de los fondos europeos y fiaba la recuperación política al avance de la vacunación y a la salida de la crisis provocada por la pandemia.

El escenario electoral tampoco era cómodo. Una encuesta de Sigma Dos publicada aquel mes situaba al PP con el 28,8% y al PSOE con el 25,1%, aunque los socialistas todavía mantenían una capacidad de movilización elevada y lideraban con claridad todo el espacio de la izquierda.

Cinco años después, Sánchez continúa en la Moncloa, pero el PSOE llega a julio de 2026 con menos diputados, una mayoría parlamentaria mucho más dependiente de sus socios y un entorno político marcado por las investigaciones que afectan a personas vinculadas al Gobierno, al partido y al círculo familiar del presidente.

La legislatura depende de una suma compleja en la que cada votación obliga al Ejecutivo a negociar con formaciones de intereses muy diferentes. El PSOE ya no puede apoyarse únicamente en su socio de coalición, sino que necesita mantener alineados a Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, el PNV y otras fuerzas parlamentarias para sacar adelante sus principales iniciativas.

A esa debilidad se añade la evolución de los sondeos privados. Una encuesta de Sociométrica publicada en junio de 2026 situó al PP en el 33,9% y 147 escaños, al PSOE en el 25,9% y 105 diputados y a Vox en el 17,4% y 60 representantes. Esa proyección concedería a PP y Vox una mayoría muy amplia.

Otro sondeo de Ipsos difundido el 5 de julio reflejó también un retroceso socialista y situó al bloque formado por PP y Vox cerca de los 200 escaños. Los resultados contrastan con el barómetro de junio del CIS, que otorgaba al PSOE un 26,1% en voto más simpatía, frente al 21,1% del PP y el 12,3% de Vox, una diferencia que evidencia la enorme distancia existente entre las estimaciones públicas y privadas.

El PSOE que en 2021 trataba de relanzar la legislatura con una remodelación del Gobierno es hoy un partido que concentra buena parte de sus esfuerzos en contener el desgaste. La formación que en 2023 colgó una lona para advertir del supuesto retroceso que implicaría una mayoría de Feijóo y Abascal vuelve a recurrir tres años después a una estrategia muy parecida.

La diferencia está en la fotografía. En aquella lona, Sánchez y sus ministros aparecían sonrientes, unidos y a todo color. En 2026, varios de aquellos protagonistas han abandonado el Ejecutivo, la mayoría parlamentaria se ha estrechado y PP y Vox aparecen fortalecidos en buena parte de las encuestas.

El mensaje «Atrás» sirvió en 2023 para movilizar a una izquierda que temía perder el Gobierno. Tres años después, Sánchez vuelve a levantar el mismo muro frente a la derecha, aunque esta vez ya no lo hace para remontar una campaña de quince días, sino para intentar prolongar una legislatura sometida a una presión política, judicial y electoral cada vez mayor.

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