La Guardia Civil deja sin chaleco antibalas a más de la mitad de los guardias alumnos
La asociación Independientes de la Guardia Civil denuncia un grave déficit de equipos de protección y alerta de que en algunas comandancias, como la de Huelva, los agentes se ven obligados a compartir chalecos antibalas por falta de material. El informe revela importantes diferencias entre unidades y reclama una actuación urgente de la Dirección General.

Chaleco antibalas de un Guardia Civil.
La falta de chalecos antibalas individuales sigue siendo una de las principales asignaturas pendientes de la Guardia Civil. Así lo denuncia la asociación profesional Independientes de la Guardia Civil (IGC), que alerta de un déficit de equipos de protección que afecta especialmente a los guardias alumnos en prácticas, quienes, pese a desempeñar funciones policiales reales, en muchos casos carecen de un chaleco propio.
La situación ha vuelto a quedar en evidencia en la Comandancia de Huelva, donde, según denuncia IGC, se ha ordenado compartir los chalecos antibalas externos de talla S entre varios agentes debido a la escasez de material. Para la asociación, esta decisión pone de manifiesto un problema estructural que compromete la seguridad de los efectivos y refleja unas carencias logísticas que lleva años denunciando.
Con el objetivo de conocer el alcance de esta situación, IGC realizó un sondeo entre más de 200 guardias alumnos de la promoción 131 del Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro y de la promoción 172 de la Academia de Cabos y Guardias de Baeza. Los resultados son contundentes: solo el 46,6 % dispone de un chaleco antibalas asignado de forma individual.
El informe también revela que el 37,9 % de los encuestados asegura que nunca ha recibido un chaleco antibalas, mientras que otro 15,5 % debe compartirlo con otros compañeros. En conjunto, más de la mitad de los guardias alumnos (53,4 %) carece de un equipo de protección de uso exclusivo, a pesar de participar diariamente en patrullas, intervenciones, dispositivos de seguridad y servicios de atención al ciudadano.
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Además, disponer de un chaleco no garantiza una protección adecuada. Entre quienes sí han recibido uno, únicamente tres de cada diez afirman que corresponde con su talla, un problema que, según la asociación, reduce la eficacia de un elemento esencial para la seguridad de los agentes.
Falta de tallas y desigualdad entre comandancias
El estudio de IGC también pone el foco en la escasez de chalecos en las tallas más pequeñas. Las S y M son las más demandadas entre los hombres, mientras que las XS y S concentran la mayor necesidad entre las mujeres, precisamente las tallas con menor disponibilidad.
La asociación denuncia igualmente importantes diferencias entre comandancias. Mientras algunas unidades entregan prácticamente todo el equipamiento necesario a los guardias alumnos, otras presentan importantes carencias que obligan incluso a compartir equipos de protección individual.
«Esta desigualdad provoca que guardias alumnos pertenecientes a una misma promoción, que desempeñan exactamente las mismas funciones, afronten su servicio con niveles de protección completamente diferentes dependiendo exclusivamente de la unidad territorial donde realizan las prácticas», asegura IGC.
Riesgos para la seguridad y problemas de higiene
Para la asociación, compartir un chaleco antibalas no solo dificulta su disponibilidad inmediata entre turnos de servicio, sino que también genera problemas higiénicos y sanitarios al ser utilizado por distintos agentes durante la misma jornada.
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Además, recuerda que estos equipos están diseñados para un uso estrictamente individual, ya que deben ajustarse a la complexión física de cada usuario para ofrecer la máxima protección en caso de intervención.
Las medidas que reclama IGC
Ante esta situación, IGC ha solicitado a la Dirección General de la Guardia Civil un plan de actuación que garantice una dotación mínima obligatoria para todos los guardias alumnos antes de incorporarse a sus prácticas.
La asociación propone que cada alumno reciba un chaleco antibalas individual, además de defensa extensible, grilletes, funda reglamentaria del arma y portacargadores. También reclama que los chalecos dejen de ser considerados material compartido y se asignen de forma personal, adaptados a la talla y características físicas de cada agente.
Por último, plantea la creación de un sistema de control que permita supervisar el material entregado y detectar con antelación posibles carencias de equipamiento o de tallas en las distintas comandancias.
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IGC insiste en que «resulta incompatible con los principios de prevención de riesgos laborales que agentes que desempeñan idénticas funciones cuenten con niveles de protección distintos en función de la comandancia donde prestan servicio. La reciente decisión adoptada en la Comandancia de Huelva constituye un ejemplo más de un problema estructural que afecta a numerosas unidades de la Guardia Civil y que exige una respuesta inmediata por parte de la Dirección General».
En la misma línea, el presidente de la asociación, Daniel Fernández, subraya que “la protección de quienes garantizan la seguridad de los ciudadanos no puede quedar condicionada por la falta de medios materiales ni por criterios de disponibilidad logística. Garantizar que cada guardia civil disponga de un chaleco antibalas individual, adaptado a su talla y disponible desde el primer día de servicio, no constituye una reivindicación corporativa, sino una obligación de seguridad y de protección laboral que no admite más demora”.