Sánchez blinda a su 'gran amigo' marroquí: ni rectifica ni endurece el tono
Moncloa descarta modificar su política con Rabat pese a Ceuta y Melilla y asegura que no existen pruebas de una actuación ilícita, mientras diplomáticos y expertos reclaman una respuesta más firme después de la entrada masiva
Pedro Sanchez, en su última aparición pública del 28 de julio
Ni una rectificación, ni una exigencia pública de explicaciones, ni siquiera una palabra más alta que otra. El Gobierno de Pedro Sánchez mantendrá intacta su estrategia con Marruecos después de la entrada masiva que desbordó Ceuta a finales de julio. Tampoco contempla endurecer el tono con Rabat. Dos semanas después, todo seguirá igual. Al menos, en La Moncloa.
Fuentes gubernamentales aseguran que no existen evidencias de que Rabat actuase ilegalmente durante las jornadas en las que alrededor de 80.000 personas alcanzaron la ciudad autónoma. Su argumento es que la colaboración marroquí permitió posteriormente la salida de más de 70.000 en pocas horas. Con eso parece bastarle al Ejecutivo.
La versión oficial sostiene que las autoridades del país vecino permitieron temporalmente el paso para evitar más muertes y después colaboraron con las devoluciones. Sin embargo, Moncloa admite que todavía recopila información y que no dispone de un diagnóstico concluyente sobre lo sucedido. La estrategia queda blindada antes incluso de terminar la investigación. Primero la confianza; las respuestas pueden esperar.
Marruecos sí pudo frenar el 15-A
El contraste alimenta las sospechas políticas. Durante la entrada de finales de julio, decenas de miles de personas superaron la frontera. Ante el nuevo llamamiento del 15 de agosto, Marruecos desplegó antidisturbios, drones y helicópteros y contuvo a centenares antes de que alcanzaran territorio español. Rabat demostró entonces que, cuando aprieta el dispositivo, la puerta permanece cerrada.
El Gobierno evita extraer públicamente conclusiones de esa diferencia. Su apuesta procede del giro sobre el Sáhara de 2022 y fue presentada por Exteriores como una relación instalada en su “mejor momento histórico”. Ni la emergencia humanitaria, ni el colapso de servicios, ni las últimas reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla parecen suficientes para revisar el guion.
Antiguos diplomáticos y especialistas sí reclaman mayor firmeza. El exembajador y antiguo director del CNI Jorge Dezcallar considera incomprensible tanta deferencia cuando el país vecino aparece como cómplice o incapaz de controlar su territorio. Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, defiende conservar una buena relación, pero no pagando cualquier precio ni renunciando a elevar el tono.
Vacaciones y marionetas
Mientras tanto, Sánchez continúa sus vacaciones en La Mareta y deja que sus ministros reciban las críticas y los abucheos sobre el terreno. Marionetas que son carne de cañón. Ceuta sigue atendiendo a miles de personas, incluidos unos 2.500 menores y otros tantos posibles solicitantes de asilo. La ciudad cuenta las consecuencias; Moncloa, en cambio, procura que su política con Rabat no se mueva ni un milímetro.