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El dato que mata a Sánchez con la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional: tarde y mal
El presidente activa el CSN 26 días después de la entrada de 80.000 inmigrantes en Ceuta, frente a las 48 horas de 2021, y deja fuera al Rey para no compartir el protagonismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Ceuta. IVÁN ZAMBRANO - EUROPA PRESS 31/7/2026
Pedro Sánchez ha convocado por fin el Consejo de Seguridad Nacional. Lo ha hecho este martes, 25 de agosto, casi un mes después de que 80.000 inmigrantes irrumpieran en Ceuta los días 30 y 31 de julio. Veintiséis días exactos de demora. El dato es demoledor y no admite matices: tarde y mal.
En mayo de 2021, cuando entraron en la ciudad autónoma algo más de 10.000 personas -una cifra cinco veces inferior y un episodio de menor magnitud-, el presidente activó el CSN en apenas 48 horas. Entonces sí hubo urgencia. Entonces sí se interrumpió lo que hubiera que interrumpir. Ahora, ante una afluencia masiva que ha desbordado Ceuta, ha preferido terminar sus vacaciones. Las más largas que se recuerdan de un presidente del Gobierno en democracia. Solo al regresar de ellas ha decidido sentar al Consejo.
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No es un retraso burocrático ni un fallo de agenda. Es una decisión deliberada. Sánchez no ha querido convocar de forma urgente porque no le ha dado la gana interrumpir su descanso. Superado por la dimensión del problema, temeroso de un choque frontal con Marruecos y presa de su propio ego, ha dejado pasar casi un mes mientras Ceuta aguantaba. La convocatoria llega cuando ya no hay más remedio, justo antes del Consejo de Ministros y de las comparecencias parlamentarias. Tarde para la prevención, tarde para la coordinación, tarde para la imagen de un Gobierno que reacciona.
Pero el retraso no es lo único. También lo convoca mal. En la última gran crisis nacional de envergadura -el apagón total de abril de 2025- el Rey no sólo fue invitado: presidió la reunión. Una de ellas se celebró incluso en el Palacio de la Moncloa bajo su autoridad. En otras ocasiones extraordinarias, como el arranque de la invasión de Ucrania o momentos álgidos de la pandemia, Felipe VI estuvo presente y presidió. Ahora, ante la mayor presión migratoria que ha sufrido Ceuta en décadas, el monarca se queda fuera. El Gobierno no le ha trasladado invitación.
Sánchez no quiere ceder ni un milímetro de protagonismo. Sabe que, cuando el Rey aparece, eclipsa. Don Felipe encarna ante la mayoría de los españoles exactamente lo contrario que el presidente: serenidad frente a la crispación, institución frente al tacticismo, continuidad frente a la polarización. Mejor dejarlo al margen. Mejor que la foto sea solo de Moncloa, aunque el precio sea una respuesta incompleta a una situación de máxima urgencia.
El contraste es inapelable. En 2021, con un asalto menor, reacción en 48 horas. En 2026, con 80.000 entradas, casi un mes de espera y veto al Rey. El Consejo de Seguridad Nacional se reúne cuando Sánchez decide, no cuando la crisis lo exige. Y esta vez ha decidido que primero iban las vacaciones y que el monarca sobraba. Tarde y mal. El dato habla por sí solo.