efemérides
La frase de Sánchez sobre el Valle de los Caídos que hoy vuelve a ponerle frente a su pasado
El 1 de septiembre de 2018, Sánchez dejó claro que no veía ningún problema en mantener la gran cruz del Valle de los Caídos, una posición que contrasta con los reiterados intentos posteriores del Gobierno por abrir la puerta a su retirada.
Pedro Sánchez apenas llevaba tres meses en La Moncloa cuando, el 1 de septiembre de 2018, dejó fijada una posición muy concreta sobre el Valle de los Caídos. El presidente aseguró que no tenía “ningún problema” con la gran cruz y descartó expresamente plantear su demolición.
Aquella declaración llegó cuando el Ejecutivo ya preparaba uno de sus primeros grandes movimientos en materia de memoria histórica: la exhumación de Francisco Franco. Sánchez defendía entonces que había “madurado” su postura sobre el futuro del recinto y separaba claramente esa actuación del destino de la cruz.
Un año después, en octubre de 2019, el Gobierno sacó los restos de Franco de la basílica y los trasladó al cementerio de Mingorrubio-El Pardo. Sánchez presentó aquella decisión como el inicio de una nueva etapa para el monumento.
Del mantenimiento de la cruz a una transformación profunda del Valle
Los cambios no terminaron ahí. En 2020, el Gobierno incorporó a su proyecto de Ley de Memoria Democrática la denominada “resignificación” del Valle de los Caídos y planteó la extinción de la Fundación de la Santa Cruz. En 2021, Félix Bolaños confirmó que el Ejecutivo pretendía modificar su régimen jurídico y transformar el significado del recinto.
La Ley de Memoria Democrática aprobada en 2022 dio otro paso más: cambió oficialmente la denominación del Valle, prohibió los actos de exaltación de la dictadura, convirtió las criptas en cementerio civil y declaró extinguida la Fundación de la Santa Cruz.
En abril de 2023 también fueron exhumados los restos de José Antonio Primo de Rivera, que abandonaron el lugar preeminente que habían ocupado durante décadas en la basílica.
La transformación continuó en 2024, cuando Sánchez volvió personalmente al Valle de los Caídos mientras avanzaban los trabajos de exhumación de víctimas y el proyecto para convertir parte del conjunto en un espacio de interpretación ligado a la memoria democrática.
Y en 2025 llegó una de las decisiones más relevantes sobre el futuro definitivo del monumento. Gobierno e Iglesia alcanzaron un acuerdo para desarrollar su transformación mediante un proyecto valorado en más de 30 millones de euros. Pese a todos los cambios acumulados, se pactó finalmente mantener la gran cruz, la basílica, el culto y la presencia de los benedictinos.
Ocho años después, aquella declaración del 1 de septiembre de 2018 sigue marcando el punto de partida. Sánchez aseguró entonces que no plantearía derribar la gran cruz. La cruz continúa en pie, pero desde su llegada al Gobierno prácticamente todo el marco político, jurídico y simbólico del Valle de los Caídos ha sido sometido a una profunda transformación.