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El día que Zapatero prometió una nueva agenda social tras recortar el sueldo a los funcionarios y congelar las pensiones

Hace 16 años, el expresidente socialista anunciaba nuevas medidas sociales apenas cinco meses después de imponer uno de los mayores ajustes económicos de su Gobierno

José Luis Rodriguez Zapatero

José Luis Rodriguez ZapateroEuropa Press

Patricia Rodríguez Corchado

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El 23 de octubre de 2010, José Luis Rodríguez Zapatero protagonizó uno de los episodios más contradictorios de su etapa al frente del Gobierno. Apenas cinco meses después de anunciar importantes recortes sociales para hacer frente a la crisis económica, el entonces presidente socialista comparecía ante el Comité Federal del PSOE para prometer una nueva agenda destinada a proteger el Estado del bienestar.

Una fecha que hoy, 16 años después, permite recordar el giro económico de un Ejecutivo que había pasado de defender la protección de los derechos sociales a reducir los salarios públicos, congelar las pensiones y eliminar ayudas familiares.

Todo había comenzado el 12 de mayo de aquel año, cuando Zapatero anunció en el Congreso un duro paquete de medidas para reducir el déficit público. Entre las decisiones más controvertidas figuraba una rebaja media del 5% en los salarios de los empleados públicos, que entraría en vigor en junio, acompañada de una congelación de sus retribuciones para 2011.

A esta medida se sumó la congelación de las pensiones contributivas para el año siguiente, con excepciones para determinadas prestaciones mínimas y no contributivas. También se anunció la eliminación del conocido cheque-bebé, una ayuda de 2.500 euros por nacimiento o adopción que había sido una de las iniciativas sociales más representativas de su Gobierno.

El ajuste se extendió a la inversión pública, la ayuda al desarrollo y determinadas partidas relacionadas con la dependencia. El objetivo declarado era recuperar la confianza económica y reducir el déficit en un momento de fuertes presiones sobre las cuentas públicas españolas.

Sin embargo, cinco meses después, Zapatero volvía a situar las políticas sociales en el centro de su discurso.

Durante la reunión del Comité Federal del PSOE celebrada el 23 de octubre, el presidente defendió una profunda remodelación de su Gobierno y anunció una nueva agenda social orientada a los desempleados de larga duración, la formación y la conciliación familiar.

La propuesta pretendía evitar que la crisis aumentara las desigualdades y debilitara las bases del Estado del bienestar. Zapatero presentó el nuevo rumbo político bajo tres grandes conceptos: austeridad, reformas y cohesión social.

El anuncio llegaba, además, en un momento especialmente delicado para el PSOE. La crisis económica, el aumento del desempleo y el desgaste provocado por las medidas de ajuste habían deteriorado la relación del Ejecutivo con parte de su electorado y con los sindicatos, que apenas unas semanas antes, el 29 de septiembre, habían convocado una huelga general contra la reforma laboral y la política económica del Gobierno.

Zapatero también aprovechó aquella intervención para defender los cambios en su gabinete, que habían supuesto la llegada de Alfredo Pérez Rubalcaba a la Vicepresidencia Primera y el nombramiento de Valeriano Gómez como ministro de Trabajo.

El presidente aseguraba que los relevos permitirían dar un nuevo impulso a la acción del Ejecutivo y rechazaba adelantar las elecciones, pese a las exigencias del Partido Popular, encabezado entonces por Mariano Rajoy.

La paradoja de aquella jornada estaba en el contraste entre las promesas sociales y las medidas que ya soportaban millones de españoles. Mientras Zapatero hablaba de reforzar la protección de los ciudadanos más afectados por la crisis, los empleados públicos habían sufrido una reducción salarial y los pensionistas afrontaban la congelación de buena parte de las prestaciones para 2011.

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