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Puigdemont rechazó las elecciones y abrió la puerta a la declaración de independencia

Hace nueve años, el entonces presidente catalán descartó acudir a las urnas y dejó en manos del Parlament una decisión que desembocaría en la declaración unilateral de independencia.

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, realiza una declaración institucional, a 6 de octubre de 2026, en Waterloo (Bélgica).

El presidente de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, realiza una declaración institucional, a 6 de octubre de 2026, en Waterloo (Bélgica).Europa Press

Patricia Rodríguez Corchado

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El 26 de octubre de 2017 quedó marcado como una de las jornadas más tensas del desafío independentista catalán. El entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, renunció a convocar elecciones autonómicas anticipadas y dejó en manos del Parlament el siguiente paso del proceso secesionista. Una decisión que precedió a la declaración unilateral de independencia y a la intervención de la autonomía catalana mediante el artículo 155 de la Constitución.

Aquel jueves, Cataluña vivió horas de máxima incertidumbre. Después del referéndum ilegal del 1 de octubre, el Gobierno de Mariano Rajoy había puesto en marcha el procedimiento para aplicar el artículo 155, mientras el Ejecutivo catalán se enfrentaba a una creciente presión política e institucional.

Puigdemont estudió durante buena parte de la jornada la posibilidad de disolver el Parlament y convocar elecciones. Aquella alternativa podía haber abierto una vía para evitar la declaración unilateral de independencia, aunque no existía un acuerdo cerrado con el Gobierno central que garantizara la suspensión de las medidas previstas.

Sin embargo, las presiones de los sectores independentistas contrarios a cualquier marcha atrás complicaron esa posibilidad. Finalmente, Puigdemont compareció ante los medios para anunciar que no convocaría elecciones porque, según argumentó, no había obtenido garantías suficientes del Ejecutivo de Rajoy.

La decisión dejó abierta la vía parlamentaria hacia la ruptura unilateral con España.

La jornada del 26 de octubre estuvo marcada por las divisiones dentro del propio independentismo. Mientras una parte de los dirigentes consideraba conveniente acudir a las urnas para frenar la escalada institucional, otros defendían continuar adelante con la hoja de ruta soberanista. La renuncia de Puigdemont a convocar elecciones terminó imponiendo esta segunda vía.

El desenlace llegó al día siguiente. El 27 de octubre de 2017, el Parlament aprobó una resolución que incluía la declaración unilateral de independencia de Cataluña, con el respaldo de Junts pel Sí y la CUP. La votación se produjo en ausencia de buena parte de la oposición, que rechazaba la iniciativa por considerarla contraria al ordenamiento constitucional.

Paralelamente, el Senado autorizó al Gobierno de Mariano Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución por primera vez desde su aprobación. El Ejecutivo respondió con el cese de Puigdemont y de todos los miembros de su Gobierno, la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre de 2017.

La crisis tuvo también consecuencias judiciales. Días después, la Fiscalía presentó querellas contra los principales responsables del proceso independentista. Puigdemont abandonó España y se trasladó a Bélgica, mientras varios antiguos miembros de su Ejecutivo afrontaron procedimientos judiciales.

Nueve años después, aquel 26 de octubre continúa siendo una fecha decisiva para comprender el desarrollo del independentismo catalán. La posibilidad de convocar elecciones quedó descartada en una jornada de negociaciones, discrepancias internas y decisiones de última hora.

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