Begoña Gómez, Ábalos, Koldo y ahora María Blasco: las cosas suelen ser lo que parecen ser
Y ahora llega el escándalo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) con su directora María Blasco a la cabeza

La presidenta del CNIO, María Blasco
La navaja de Ockham es una manera casi filosófica de llamar al sentido común, un principio que establece que "en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable". Diríamos que lo que dicta la lógica suele ser lo acertado.
Quizás convendría aplicar ese principio a los casos de corrupción que afectan al Gobierno y a Pedro Sánchez. Begoña Gómez parece que se aprovechó de su posición de mujer del presidente del Gobierno para medrar, conseguir una carrera profesional con favores a empresas que luego se los devolvían de otra manera.
En el caso Ábalos lo que parece es que el ex ministro de Transporte se lo llevó crudo junto a Koldo García y el propio Víctor de Aldama. Y en el caso de David Azagra, el hermano de Pedro Sánchez, da la impresión de que es un enchufado que se llevaba un sueldo por la cara y que encima falseaba su domicilio en Portugal para ahorrarse unos eurillos ante Hacienda.
Y ahora llega el escándalo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) con su directora María Blasco a la cabeza. El centro, según denuncian los trabajadores, está en precario, con unas carencias tremendas de material, medios e inversión para la investigación del cáncer.
Según parece, la dirección destina parte de los recursos, varios millones de euros, a comprar obras de arte y a viajar a exposiciones por el mundo. Una misión muy loable para una institución cultural, pero no para un centro científico que investiga el cáncer. Parece una broma, pero no lo es. María Blasco debe dar muchas explicaciones de qué está pasando ahí. Es todo muy extraño y escandaloso.