Infartos en el Despacho Oval

Donald Trump y Volodimir Zelenski antes de su polémica reunión en el Despacho Oval.
La visita del presidente Zelenski a la Casa Blanca no salió como se esperaba. Está claro que ninguno de los interlocutores sentados en el Despacho Oval esperaba acabar en una pelea dialéctica retransmitida en directo al estilo Supervivientes. La protocolaria y amistosa puesta en escena inicial dio paso poco a poco a una bronca pública cada vez más tensa. Supongo que más de un asesor diplomático habrá visitado las urgencias hospitalarias después de lo de ayer.
Sobre el papel se pretendía escenificar un acercamiento sellado con un compromiso de explotación y exportación de tierras raras ucranianas a EE. UU. Pretendía ser la antesala para, al menos, avanzar hacia un armisticio con Rusia. Estos minerales representarían la compensación por los miles de millones de dólares enviados a Ucrania durante la administración Biden como primer paso para que Trump fuera más “sensible” con los ucranianos a la hora de negociar con Putin. Pero la bronca que se formó en el Despacho Oval fue un espectáculo patético que desbarató el guión previsto.
El vicepresidente Vance siempre ha optado por despachar cuanto antes el asunto ucraniano, con el que considera deben lidiar exclusivamente los europeos. Siempre ha pensado así. Preguntado por su opinión en 2022 -año de la invasión rusa- Vance dijo que “realmente no me importa lo que le pase a Ucrania”. Siendo un problema de (la decadente) Europa, entiende el apoyo de EE. UU. a la causa ucraniana como “subvencionar a los europeos para que no hagan nada”. Su objetivo es, por tanto, sacar a su país cuanto antes de un conflicto estancado en el que, en su opinión, realmente no se juegan nada.
Por lo tanto, el viernes expresó la necesidad de zanjar todo el asunto con “diplomacia”. Sentemos a Putin y a Zelenski, firmemos un acuerdo, y dediquemos nuestros esfuerzos a cosas serias de verdad. Pero Zelenski no pudo morderse la lengua. Me barrunto que en ese instante empezaron los paros cardiacos entre bambalinas. El ucraniano vino a decir que ninguno de los intentos diplomáticos ha surtido efecto porque Putin no respeta ni el derecho internacional y ni su propia palabra, lo que aleja a Ucrania de un alto el fuego sin garantías.
Y ningún compromiso será viable sin garantías sólidas, realistas y persistentes de que Rusia lo cumplirá. De lo contrario, el conflicto se cerrará en falso independientemente de las concesiones que Ucrania pueda hacer. Esa es la endemoniada complicación que la administración Trump quería obviar y por la que Vance se vio interpelado, junto con una buena dosis de prepotencia, a afear la actitud altanera de presidente ucraniano: “de bien nacido es ser agradecido, Volodímir”. Uno sabe que la cosa se pone seria cuando un americano se refiere a su comandante en jefe como “el presidente de los Estados Unidos de América”, así, con todos los apellidos. Más infartos.
Imagino que Putin y Xi Jinping tomarían palomitas con la mirada fija en el televisor mientras Trump intervenía en su papel de matón de patio de colegio alzando la voz a Zelenski en vivo y en directo: “estás en una muy mala posición”, “no tienes las cartas”, “tu país está en un buen lío” … todo el repertorio completo. Anginas de pecho generalizadas. Con todo, creo que lo vivido el pasado viernes es la mejor ilustración para la población europea del mayor giro en la política internacional de Estados Unidos desde 1945. El papel de los norteamericanos como “policía del Mundo” se ha acabado. La alianza preferente Europa-América se ha acabado. La externalización de nuestra defensa se ha acabado.
Esté en lo correcto Trump o no, como ya se adelantaba en este mismo periódico, nuestra manera de actuar como europeos debe cambiar. La posición de Europa en el mundo que viene es tan débil que los infartos deberían haberse producido a este lado del Atlántico. Nos guste o no, Vance nos enseñó en camino en el rapapolvo que nos echó el pasado 14 de febrero: “que los europeos tomen el relevo [de la defensa] mientras Estados Unidos se concentra en las regiones del mundo que están en gran peligro”.