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Ábalos, Sánchez y el olor a podrido que no disimulan ni con perfume caro

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Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a poner el dedo en la llaga, y esta vez el pus que sale huele a cloaca socialista. La presidenta madrileña, con esa mezcla de claridad y mala leche que tanto irrita a los progres de salón, ha soltado una verdad que resuena como un martillazo en la Moncloa: "Nada de lo que hizo Ábalos le es ajeno a Pedro Sánchez"

Y mientras el PSOE se revuelve como gato panza arriba, la Guardia Civil, con su informe de la UCO en la mano, parece darle la razón. Qué casualidad, ¿no? El que fuera mano derecha del presidente, el fiel José Luis Ábalos, pillado hasta el cuello en un lodazal de comisiones, contratos dudosos y favores que apestan a todo menos a servicio público. Y Sánchez, claro, mirando al techo, silbando y haciéndose el sueco —nunca mejor dicho— como si no supiera de qué va la cosa.

Porque, vamos a ver, ¿quién se cree que Ábalos, ese escudero leal que le arregló las primarias a Sánchez y le mantuvo el cortijo en pie, actuaba por libre como si fuera un llanero solitario? Hombre, por favor, que no estamos en una película de bajo presupuesto. Aquí el guion lo escribe el jefe, y el jefe no es otro que el inquilino de la Moncloa, ese que se pasea por Europa vendiendo una España de postal mientras en casa se le pudre el corral. 

La UCO dice que hay indicios de que Ábalos movía los hilos de una trama de mordidas en contratos de mascarillas durante la pandemia —¡qué bonito aprovecharse de la tragedia!—, y Ayuso, con esa precisión quirúrgica que tiene, apunta al corazón del asunto: Sánchez sabía, Sánchez callaba, Sánchez mandaba.

Pero no nos engañemos, que el PSOE ya tiene la maquinaria bien engrasada para salir del paso. Ahora vendrán los portavoces de guardia con sus caras de póker y sus discursos de manual: que si "respeto a la presunción de inocencia", que si "confiamos en la Justicia", que si "esto es un ataque de la derecha". Lo de siempre, vamos.

Lo que no explican es cómo un tipo como Ábalos, que no daba un paso sin consultar al gran líder, pudo montar un chiringuito de presunta corrupción sin que en la Moncloa oliera a chamusquina. ¿Qué pasa, Pedro, que estabas muy ocupado escribiendo tu próximo libro de autoayuda o eligiendo el Falcon para tu siguiente escapada?

Ayuso lo ha clavado: esto no es un caso aislado, es el modus operandi de un Gobierno que se cree intocable. Mientras ellos se llenan los bolsillos y reparten favores, los españoles pagamos la factura de su cinismo. Y encima nos piden que aplaudamos. No, señor Sánchez, no cuela. Si Ábalos está hasta las cejas, usted no puede hacerse el despistado. 

Porque, como dice el refrán, el pez por la boca muere, y este Gobierno lleva tiempo abriendo la suya para soltar mentiras mientras se le escapa la verdad por los costados. Que dimita Ábalos, vale, pero que no se quede en un cabeza de turco. Aquí el guión lo firma el director, y el director tiene nombre y apellidos: Pedro Sánchez. Que no nos tomen por tontos.

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