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El autobús de Iglesias, Montero y Belarra para su Congreso

Pablo Iglesias, Ione Belarra, Irene Montero e Isa Serra, durante el acto de cierre de campaña de Podemos para los comicios europeos.

Pablo Iglesias, Ione Belarra, Irene Montero e Isa Serra, durante el acto de cierre de campaña de Podemos para los comicios europeos.Carlos Luján / Europa Press

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Podemos parece que resucita. Pura ficción, desde luego. Los datos de participación en su Congreso, donde han vuelto a designar a Ione Belarra como su lideresa partidista, lo dicen todo. Y eso que unos días antes habían tirado del comodín de Irene Montero como candidata para tratar de animar a su parroquia. Ni por esas. Los suyos andan desmovilizados. En la asamblea de reelección de Belarra votaron telemáticamente 27.172 personas, la mitad que lo hicieron hace cuatro años (53.443). En el cónclave, por ejemplo, no llegaron a tener ni a 50 personas presentes el viernes.

La izquierda de la izquierda del PSOE cabe cada vez en un espacio electoral más pequeño. Las riñas, peleas y broncas han lanzado a muchos de quienes les apoyaron de buena fe a la abstención o en brazos del PSOE de Pedro Sánchez. Los seis millones de votos que Podemos tuvo con un poderoso Pablo Iglesias en 2015, pasaron a poco más de tres en 2023. El voto útil a Sánchez mata a los de Yolanda Díaz e Ione Belarra.

Ahora, para mayor desgracia, con Iglesias metido a empresario de restauración que lucha para que su bar crezca, la guerra del dueto dirigente (Belarra-Montero) con la vicepresidenta 2, Díaz, se ha incrementado. Pese a los mensajes que hablan de unidad, en realidad, lo que desean decir es absorción. No hay paz para los malvados. 

Pero, eso sí, este Podemos, canijo, con cuatro diputados nada más, está dispuesto abrazarse a la pancarta del “No a la guerra” para distanciarse de la postura internacional del Gobierno de coalición de Sánchez y Díaz y, veremos, los dolores de cabeza que van a darle a La Moncloa los próximos meses. Además, el recuerdo de Íñigo Errejón, como el del chalet de Galapagar, no juegan, precisamente, como valores de coherencia de esa izquierda radical. A.M. BEAUMONT

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