la mirilla

Sánchez, Puente, Emiliano y las chicas del montón

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

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Hoy podría escribir —como gustaría en La Moncloa— sobre pactos imposibles entre Feijóo y Abascal. O sobre a quién prefiere el CIS de Tezanos: Feijóo, Ayuso o Abascal. Pero no. Hoy no toca. Hay que seguir mirando el pozo negro donde se refresca el sanchismo.

El último en mancharse: Francisco Salazar. La versión oficial dice que “nadie sabía nada” de sus abusos sexuales a trabajadoras. Ya. Otros dentro del PSOE susurran lo contrario: se sabía, se tapó, interesaba mirar a otro lado. Al fin y al cabo, era uno de los más próximos del “puto amo” —copyright de Óscar Puente para definir a Sánchez—. Koldo, Ábalos, Cerdán, Salazar… todos muy de pancarta feminista hasta que se cerraba la puerta.

Y ya que hablamos de Puente… menuda guerra con Emiliano García-Page. Se dijeron de todo en Ferraz, Comité Federal mediante, y la batalla sigue. Para Puente, Page —el único barón socialista con mayoría absoluta— es un verso suelto “absolutamente minoritario” y con “talante democrático nulo”.

Así funciona el socialismo de Sánchez: todo unido, todo férreo, hasta que uno abre la boca y se atreve a pisar el charco. Entonces llegan la jauría, el fuego amigo, las purgas internas, las filtraciones y los fusilamientos al amanecer. Qué más da: España paga la fiesta. Y la resaca. 

A.M. BEAUMONT