Editorial
Puigdemont humilla a Sánchez... otra vez: ridículo español en la UE por el catalán

Sánchez observa a Carles Puigdemont en el Parlamento Europeo
La insistencia de Pedro Sánchez en complacer a Carles Puigdemont ha sumido a España en un nuevo episodio de descrédito internacional. La séptima negativa de la Unión Europea a reconocer el catalán, el gallego y el euskera como lenguas oficiales marca otra semana de bochorno para el presidente del Gobierno. Este rechazo, liderado por la presidencia danesa ante preocupaciones legales, financieras y operativas, evidencia el aislamiento de Sánchez en Bruselas, donde su estrategia de apaciguar al independentismo catalán no encuentra apoyo.
La Comisión Europea ha señalado que la Ley de Amnistía, pactada con Puigdemont para asegurar su investidura, no responde al interés general de España, sino a cálculos políticos particulares. Bruselas critica su tramitación poco transparente y su posible impacto en investigaciones sobre el uso de fondos públicos en el procés. Este varapalo se suma a las advertencias de la Comisión de Venecia, desoídas por el Gobierno, y a la percepción de que Sánchez antepone su supervivencia política a la estabilidad institucional.
Además, la Ley de Amnistía enfrenta escrutinio en el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). El Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional ya han elevado cuestiones prejudiciales, preguntando si amnistiar delitos de malversación y terrorismo es compatible con la protección de los intereses financieros de la UE y la directiva antiterrorismo. El Tribunal Supremo, por su parte, podría plantear una nueva cuestión prejudicial si el Tribunal Constitucional le obliga a aplicar la amnistía a casos de malversación, como el de Puigdemont. El Supremo sostiene que los fondos públicos desviados en el procés no pueden amnistiarse, ya que una declaración de independencia, aunque fallida, habría reducido la contribución española al presupuesto europeo, afectando sus intereses financieros. Esta discrepancia con el Constitucional, que avaló la ley, refleja la inseguridad jurídica que la amnistía genera y proyecta una imagen de desorden institucional.
Este nuevo fiasco no solo erosiona la credibilidad de Sánchez, sino que compromete la posición de España en la UE. Sánchez agoniza políticamente, rehén de sí mismo y de la estrategia de sometimiento a los separatistas que le llevó a La Moncloa y de la que depende para seguir allí.