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El infeliz cumpleaños de Sánchez

Pedro Sánchez, este miércoles, en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez, este miércoles, en el Congreso de los Diputados.Europa Press

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Este miércoles hará dos años de aquella derrota electoral que acabó dándole el poder a Sánchez. Sí, derrota: ganó el PP. Pero, ya se sabe, en el sanchismo perder es otra forma de gobernar.

A cambio de siete votos —los de Puigdemont— el presidente ofreció lo que juró que jamás haría: la amnistía. Aquello que era inconstitucional, ilegal, inmoral… pasó a ser imprescindible. Y así se firmó la rendición.

Sánchez lleva ya siete años en La Moncloa. Entre su etapa anterior y esta legislatura. En todo ese tiempo le ha pasado de todo: una pandemia, nevadas históricas, un volcán en erupción, inundaciones, apagones… Y lo ha resistido. Todo, salvo a la tentación de ir cambiando la Constitución por la vía de los hechos para pagar los chantajes del separatismo.

Repite como un mantra que no adelantará elecciones. Que llegará hasta 2027. Pero cada semana que pasa, con cada nuevo caso de corrupción en su círculo más íntimo, la cuesta se le hace más empinada.

No olvidemos aquel episodio grotesco de la pasada primavera: cinco días encerrado en La Moncloa, reflexionando sobre si merecía la pena seguir en el cargo. La imputación judicial de su esposa lo dejó noqueado. Y al PSOE, desorientado. Nadie —ni barones, ni ministros, ni ministras— alzó la voz. No hay sucesión. Solo vacío.

Hoy, dos años después de las elecciones del 23-J, la legislatura es un lodazal: desautorizaciones de Bruselas, filtraciones, sumarios, whatsapps, citaciones, cloacas, fiscales de parte y ministros que parecen personajes de Torrente.

El relato se ha roto. La iniciativa ha muerto. Solo queda el poder por el poder. Y un país preguntándose cuánto más puede sobrevivir este presidente. Y a cambio de qué. 

A.M. BEAUMONT

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