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A Begoña Gómez la juzgará 'el pueblo': ¡pura poesía!

Ironía del destino: el jurado popular, instituido por el PSOE en 1995 bajo Felipe González, era un símbolo de la democracia participativa que la izquierda abrazó con entusiasmo

Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez, el pasado mes de septuembre.

Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez, el pasado mes de septuembre.Europa Press

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La decisión del juez Peinado de que Begoña Gómez sea juzgada por un jurado popular ha sorprendido a Pedro Sánchez en Nueva York, en plena Asamblea de la ONU. Desde la Misión Permanente de España, el presidente ha defendido con vehemencia la inocencia de su entorno: "Nos toca defender la verdad, pues defenderemos la verdad, y la verdad es que mi hermano y mi mujer son inocentes". Ha añadido que "el tiempo pondrá las cosas en su sitio", confiando en que "la verdad acabará imponiéndose". Pero la realidad judicial es implacable: Begoña Gómez, citada este sábado, enfrentará un jurado por un presunto delito de malversación, junto a Cristina Álvarez y Francisco Martín, por el nombramiento de la asesora en Moncloa.

Ironía del destino: el jurado popular, instituido por el PSOE en 1995 bajo Felipe González, era un símbolo de la democracia participativa que la izquierda abrazó con entusiasmo. La derecha, en cambio, lo veía con escepticismo, temiendo su imprevisibilidad. Ahora, los socialistas reniegan de su propia creación, alegando que no garantiza un "juicio justo" para Gómez. ¿Qué ha cambiado? ¿Acaso el pueblo, tan ensalzado en mítines, no es digno de confianza cuando se trata de la esposa del presidente? La contradicción es flagrante: el sanchismo, que presume de fe en la soberanía popular, cuestiona al jurado cuando no le favorece.

Mientras tanto, Sánchez desvía la mirada hacia Gaza, anunciando el envío del BAM Furor para proteger la Global Sumud Flotilla. "Exigimos que se cumpla la ley internacional", ha dicho, en un gesto que mezcla humanitarismo con oportunismo. Con su hermano David procesado en Badajoz y su mujer bajo el escrutinio ciudadano, el presidente busca refugio en la agenda global. Pero el jurado no se distrae con maniobras: doce ciudadanos decidirán si hubo abuso de poder. La poesía de la democracia es cruda, y el veredicto del pueblo no admite versos de Moncloa. La verdad, si existe, deberá probarse en el tribunal, no en discursos.

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