La inmigración no puede ser un problema
Inmigrantes tirados en una calle de Tenerife
España vive una de las transformaciones demográficas más profundas de nuestra historia reciente ya que casi uno de cada cinco españoles ha nacido en el extranjero. La incorporación de estos nuevos españoles debe ser recibida con los brazos abiertos siempre que sea ordenada.
Nunca la inmigración debe convertirse en irregular, ignorando la seguridad de nuestras fronteras, debilitando la cohesión social y obviando la entrada regular a través del empleo. La entrada en nuestro país debe estar condicionada por la legalidad del control de fronteras ya que nunca la vía irregular puede ser más efectiva que la legal, ya que supone dar carta blanca a las mafias y a grupos que trafican con seres humanos. Por ello es necesario perseguir los delitos de tráfico de personas facilitando medios a la Fiscalía y la Guardia Civil con las reformas legales oportunas
Los principios que deben regir la inmigración son el respeto a la legalidad, pero sobre todo la igualdad de derechos y de deberes, los que quieren venir a España deben asumir la integración respetando nuestra Constitución y nuestros valores. La pérdida de residencia debe ser automática cuando un extranjero incurra en delito ya que la seguridad de nuestra sociedad debe garantizarse frente a todo y frente a todos, por lo que debe garantizarse que quién viene a España lo hace para convivir en paz, trabajar y respetar nuestras normas, lo cual supone tolerancia cero con la delincuencia
Para eso es necesario una autoridad única en materia migratoria que supere el caos actual ya que hay cinco ministerios en el Gobierno socialista-comunista que tienen competencia en la materia y de forma constante se contradicen, se pisan competencias y se paralizan entre sí. El Gobierno ha convertido la irregularidad como modelo de política migratoria y debido a su fracaso evidente hoy en día la inmigración se ha convertido en uno de los problemas fundamentales de los españoles según las encuestas, incluso el CIS sanchista así lo reconoce.
El que quiera entrar en España ha de saber que el empleo es la puerta de entrada ya que es la mejor manera de conseguir la convivencia, es decir la inmigración legal es la puerta de entrada y la irregular puede convertirse en la puerta de salida, ya que el permiso de residencia debe premiar el esfuerzo, el trabajo y la integración, y no puede conseguirse por mera inercia como ocurre en la actualidad.
Los extranjeros han de adquirir un compromiso con nuestra sociedad ya que deben de ser agentes de cohesión y nunca de separación, así pues para lograr esa cohesión debe de elevarse el nivel de exigencia lingüística, cultural y de respeto a los valores democráticos no solo para facilitar la permanencia sino fundamentalmente para la adquisición de la nacionalidad española, porque ser español no se regala, se merece, y el extranjero ha de ser consciente que la diversidad cultural, que debe ser respetada, no puede ser la excusa para la creación de una fragmentación cultural que divida nuestros barrios en muchas ciudades y pueblos.
Tampoco puede permitirse que los menores entren en nuestro país sin ser acompañados por sus familias, un menor con quién debe estar es con su núcleo familiar y para ello debe de aplicarse la legislación vigente y asegurar el reencuentro familiar con el retorno al país de origen, todo ello como garantía de protección de dichos menores puesto que permitir su entrada y permanencia puede perjudicar al propio menor que pierde unos de los vínculos esenciales en su formación.
En España la legislación de menores persigue el abandono de los mismos y existe toda una política social que garantiza el mantenimiento de los lazos familiares como garantía de desarrollo de la personalidad del menor, por lo que no se entiende que la política del actual Gobierno sea que los menores no se reagrupen con su núcleo familiar de origen, dando un trato distinto y discriminatorio con respecto a los menores españoles.
Por eso es necesario un cambio radical del sistema y pasar de la política “que entre quién quiera” o “hay que echarlos a todos” a la que ha enarbolado como bandera el pasado martes Alberto Nuñez Feijóo en su declaración de Barcelona y que consiste en la siguiente frase: “el que quiera entrar y permanecer en España ha de respetar la ley”. Nuestra sociedad tiene unos valores de respeto que los ciudadanos hemos construido con mucho esfuerzo y que han permitido la convivencia, por lo que aquellos que aspiren a convivir deben de saber cuál es nuestro Estado de Derecho y los derechos y deberes que nos obligan a todos sin excusa alguna ni alegaciones de carácter cultural. Así pues hay una manera distinta de hacer frente a la inmigración irregular y es con la ley y exigiendo el respeto a la cohesión y convivencia social.