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Un psicópata incompetente y corrupto anda suelto por España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezISAAC BUJ - EUROPA PRESS

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En cualquier manual de psiquiatría un psicópata se define como aquel individuo que sufre un trastorno severo de la personalidad, destacando entre sus principales rasgos caracteriales la amoralidad, la falta de empatía, la impostura y el egocentrismo. A la vista de su acción de gobierno resulta evidente que Pedro Sánchez se ajusta a la perfección al perfil psicológico propio de todo psicópata.

Así, a lo largo de su periplo presidencial, P. Sánchez, haciendo gala de su recalcitrante amoralidad, ha convertido la mentira en el rasgo principal de su discurso político, llegando al punto de incumplir la práctica totalidad de sus promesas electorales. A su vez, esta carencia de barreras morales ha provocado que nuestro deplorable presidente se haya ceñido escrupulosamente a la hora de gobernar a la máxima maquiavélica que señala que “el fin justifica los medios”, de tal forma que en aras de satisfacer su patológica ambición de poder ha desarrollado una agenda política manifiestamente truculenta, mostrando con ello actitudes y conductas más propias de un trilero que de un individuo con responsabilidades de Estado. Un hecho que ejemplifica a la perfección la conducta propia de P. Sánchez es el funesto pacto de gobierno que logró alcanzar con la extrema izquierda, los golpistas catalanes y los filoterroristas vascos, a pesar de que durante la campaña electoral se había comprometido a no establecer ningún tipo de acuerdo con dichas fuerzas políticas, demostrando con ello que la honestidad no forma parte de su vestuario.

Por otra parte, P. Sánchez ha dado a lo largo de su trayectoria muestras más que suficientes de padecer una absoluta falta de empatía con el sufrimiento ajeno. Así, remitiéndonos a un ejemplo sumamente clarificador, pudimos asistir, entre la rabia y la estupefacción, a su negativa a decretar, tal y como era su obligación, el nivel 3 de emergencia tanto en el caso de la DANA que afectó a la Comunidad de Valencia en octubre de 2024, como en el caso de los incendios forestales que asolaron buena parte del territorio nacional este verano de 2025. 

Con esta deplorable decisión P. Sánchez evitó que el Ministerio del Interior se hiciera cargo de las tareas de coordinación y movilización de efectivos estatales para luchar de la mejor manera posible contra la catástrofe humanitaria y ecológica provocada por las lluvias torrenciales y el fuego abrasador, dejando así a los damnificados abandonados a su suerte. Obviamente, en la base de esta dejación de responsabilidades se encontraba el hecho de que las comunidades autónomas afectadas estaban gobernadas por el PP, razón por la cual el psicópata monclovita entendió, de forma harto siniestra, que mientras mayor fuera la magnitud del desastre mayor sería su rédito electoral, lo cual no hizo otra cosa que evidenciar que su falta de humanidad quizás tenga parangón, pero no por ello deja de ser estratosférica.

A su vez, P. Sánchez, intentando una vez más tensionar a la sociedad española, quiso mostrarse ante el mundo, de manera absolutamente impostada, como un adalid de la causa palestina, para lo cual no dudó en mostrar su total apoyo al grupo terrorista Hamas -legitimando así el brutal atentado que llevaron a cabo en suelo de Israel en octubre de 2023- al mismo tiempo que criminalizaba al pueblo judío e instigaba movilizaciones nada pacíficas en su contra. 

Evidentemente con su posicionamiento frentista P. Sánchez no buscaba acabar con el conflicto entre judíos y palestinos, sino que lo que realmente pretendía era dar un golpe de efecto con la finalidad de mejorar sus menguadas expectativas electorales, demostrando así un cinismo fuera de lo común. Muy por el contrario, el presidente estadounidense, Donald Trump, con un planteamiento orientado a la definitiva resolución del conflicto, presentó un Plan de Paz para finiquitar la espiral de violencia desatada en la Franja de Gaza, el cual ha sido afortunadamente aceptado por Hamas e Israel, con el visto bueno tanto del mundo árabe como de los países occidentales, logrando así, sin posicionamientos maniqueos, acabar con el sufrimiento del pueblo gazatí y los rehenes judíos.

En otro orden de cosas, P. Sánchez lleva un tiempo presumiendo de que España va como un cohete debido a la subida del PIB, si bien tal afirmación tiene trampa, ya que en ella no se contempla el hecho de que dicho incremento recaudatorio se debe fundamentalmente al vaciamiento de los bolsillos que sufren los españoles como consecuencia de una presión fiscal de carácter confiscatorio. Pero es que, además, nuestro confuso psicópata también elude decir que, tras siete años de Gobierno socialcomunista, España, como consecuencia de la parálisis gubernamental, presenta las tasas de paro total y juvenil más altas de la Unión Europea, una inflación que supera con creces la media europea y una Deuda Pública que desde su investidura ha aumentado en un 40%, situándose en el momento actual en el 103,5% del PIB. 

A la vista de tan paupérrimos datos macroeconómicos a nadie le debe extrañar el hecho de que a día de hoy casi 10 millones de españoles vivan por debajo del umbral de la pobreza o en riesgo de exclusión social, lo cual no deja de ser aterrador para cualquier persona mínimamente sensible. En consecuencia, cabe afirmar que la presunción sanchista de excelencia gestora solo puede entenderse como la prepotente manifestación de un individuo cuya descomunal egolatría le impide ver su tremenda incompetencia.

Para redondear la faena a P. Sánchez tan solo le faltaba sumergirse en el lodazal de la corrupción y a fe que lo ha hecho de manera prácticamente insuperable. Así, su esposa, Begoña Gómez, su hermano, David Sánchez, y sus dos secretarios de Organización, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, están imputados por la práctica totalidad de los delitos relacionados con la corrupción recogidos en el Código Penal, siendo la malversación de fondos públicos y el enriquecimiento ilícito las actividades favoritas de esta caterva de presuntos delincuentes. 

A su vez, indicándonos una más que probable financiación ilegal del PSOE, desde la socialista sede de Ferraz salían de forma recurrente sobres llenos de cantidades ingentes de dinero negro que iba a parar a los bolsillos de Ábalos, Cerdán y Koldo, para regocijo de marisqueros y prostitutas de lujo. A la luz de tan mafioso proceder, solo cabe pensar que, presuntamente, el PSOE ha dejado de ser un partido estrictamente político para pasar a ser una organización con importantes ramificaciones criminales, en la que P. Sánchez, por su condición de nexo corruptor de todas las tramas, solo puede ser el líder supremo.

En definitiva, un psicópata incompetente y corrupto, que responde al nombre de P. Sánchez, anda suelto por España, dedicando todos sus esfuerzos a acabar con la democracia e instaurar una república bananera en la que poder saciar su fanática ambición de poder, privilegios y lujo. De la sensatez del pueblo español y de la fortaleza deontológica de los jueces depende que tan siniestro individuo logre alcanzar sus distópicos objetivos políticos o acabe llorando por los rincones de callejuelas inmundas, sin Dios ni patria ni bandera.

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