El punto y aparte del punto final

La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, pasa por delante de Pedro Sánchez y las vicepresidentas Montero y Díaz.
A Pedro Sánchez no es que le crezcan los enanos, es que le crecen los gigantes, y de todos ellos, el que le tiene cogido por el cogote desde el principio de sus tiempos presidenciales, léase Puigdemont, le acaba de dar el penúltimo disgusto pre navideño.
También es verdad que el presidente-prófugo no tenía demasiadas alternativas. Con Alianza Catalana robándole votos por la derecha, sus fieles desmotivados por su apoyo "para nada" a las políticas de izquierdas de un PSOE cercado por los presuntos casos de corrupción; ERC engordando filas a base de comerle buena parte de la ración de independentistas, y un Tribunal Constitucional que no termina de dar el paso de la amnistía prometida, la decisión de la ejecutiva de Junts estaba más cantada que Paquito el Chocolatero en una fiesta de moros y cristianos.
¿Y ahora qué? Pues ahora hay que esperar a ver qué dice la militancia, que en estos casos suele ser muy de disciplina de voto. De momento, no se espera una moción de censura en toda regla, más que nada porque donde Puigdemont se siente más cómodo es en la tocada de narices. Ni contigo ni sin ti. El punto y aparte disfrazado de punto final.
Mientras tanto, en el PSOE siguen echando mano de las bombonas de oxígeno aunque solo sea para fingir que el asunto se las trae al pairo aunque la única que a estas horas seguro que está respirando a pleno pulmón es María Jesús Montero que, miren por dónde, ya tiene la disculpa perfecta para no presentar esos Presupuestos que tiene atascados en el Excel desde hace tres años. Al fin y al cabo, como diría José Mota, "presentarlos para ná es tontería".