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Salazar y Errejón: del “me too” al “me callo”

Yolanda Díaz e Íñigo Errejón en el Congreso; y Pilar Alegría junto a Paco Salazar en una comida.

Yolanda Díaz e Íñigo Errejón en el Congreso; y Pilar Alegría junto a Paco Salazar en una comida.Europa Press / Artículo 14

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La izquierda ha entrado en un terreno que creía vedado: el de la vergüenza, la inmoralidad. Salazar y Errejón. Dos apellidos que nadie quiere pronunciar. Dos casos de acoso donde PSOE y Sumar hicieron lo que mejor saben: callar, tapar, minimizar. El feminismo oficial se quedó sin voz cuando las víctimas dejaron de ser pancarta y empezaron a ser problema.

La coreografía es conocida: cuando el acusado es rival, megáfono; cuando es amigo, silencio administrativo. En La Moncloa conocían denuncias internas contra Salazar. Y miraron a otro lado. En Sumar, Errejón fue protegido mientras la víctima fue tratada como estorbo. Hermana, yo sí te creo… salvo si acusas a alguien con nómina del partido “progresista”.

La izquierda se permitió señalar a media España como cómplice del patriarcado, mientras protegía a sus propios depredadores. El feminismo oficial no cayó por machismo; cayó por cobardía. No hubo dimisiones. Ni responsabilidades políticas por la falta de vigilancia. Ni autocrítica. Solo daño y cálculo. Porque, en la prueba del algodón, la pregunta no era si crees a las mujeres. Era: ¿te atreves a creerlas si acusan a uno de tus dirigentes?

PSOE y Sumar eligieron la respuesta más vieja del mundo: proteger el cargo antes que a la mujer. Del “me too” al “me callo” hay solo una secretaria general de distancia. Fue fácil gritar “hermana”. Lo difícil era creerla. A.M. BEAUMONT

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