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Sánchez, enredado en la bragueta de Paco Salazar: el PSOE se niega a llevarle a la fiscalía

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El caso Paco Salazar ha destapado una herida supurante en el PSOE que Pedro Sánchez no puede seguir cosiendo con hilos de silencio y burocracia interna. Francisco Salazar, el exasesor de máxima confianza del presidente, dimitió en julio de la Ejecutiva socialista y de Moncloa tras las primeras acusaciones de acoso sexual y abuso de poder

Pero las denuncias no cesaron: mujeres contratadas por su equipo describen un entorno "irrespirable" de gestos hipersexualizados: subirse la bragueta en la cara de sus subordinadas, escenificar felaciones con lujo de detalles, pedir ver escotes o lanzar comentarios cosificadores como "A Paco le gustan las niñas". Comportamientos vomitivos, como los califica el propio Gobierno, que Ferraz admite haber gestionado con "fallos" graves: denuncias oficiales borradas del canal antiacoso por un "error informático", investigaciones cortocircuitadas y un expediente que languidece cinco meses sin avances.

Hoy, con Salazar ya de baja como militante, el cisma en el PSOE es innegable. Federaciones como Asturias exigen llevar el caso a la Fiscalía, reconociendo en estos actos no solo acoso, sino violencia contra la mujer. Responsables de Igualdad, en una reunión de urgencia descrita como "desastrosa", reclaman explicaciones. Pilar Bernabé, secretaria de Igualdad, pide perdón por el fallo pero se niega a escalar. Mientras, Sánchez, que presumía de protocolos "garantistas", mantiene silencio sepulcral.

Este enredo no debería cerrarse en falso: las feministas socialistas, indignadas, no pueden aceptar nada que no sea una depuración interna y llevar el caso, las denuncias de mujeres, ante la fiscalía o la Policía. Pero es una ilusión. El PSOE ya ha dicho que no, que eso de ir a la Justicia no lo ve.

Lo cierto es que el acoso sexual es un delito tipificado en el Código Penal, y todos –partido incluido– estamos obligados a denunciarlo ante la Justicia cuando ocurre ante nuestras narices. No hay canal interno que valga para tapar lo evidente: el PSOE protege a los suyos por encima de las mujeres que militan en sus filas. Sánchez, enredado en la bragueta de su excolaborador, arriesga no solo credibilidad, sino el alma progresista que dice defender.

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