la mirilla

Sánchez, Zapatero y el dinero manchado de sangre

José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez

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Cuando cae una dictadura, se distinguen dos tipos de políticos: los que aplauden la libertad y los que miran al suelo para que no se les note el pasado.

La detención del narco dictador Maduro no solo cierra un capítulo de barbarie en Venezuela. También deja al descubierto a una izquierda europea —y muy española— que prefirió contemporizar antes que denunciar. Que habló de “matices” mientras otros hablaban de presos, muertes, torturas, hambre y exilio.

Pedro Sánchez vuelve a llegar tarde. Y mal.

Ni una palabra clara. Salvo para volver a su consigna favorita alertando de la ultraderecha internacional.

Y luego está Zapatero. El hombre que convirtió la diplomacia en coartada. El mediador eterno de una tiranía. Dinero manchado de sangre. El susurrador de La Moncloa para que mirase hacia otro lado.

Maduro ha caído y con él se hace añicos el relato de quienes lo blanquearon, lo justificaron o lo relativizaron.

La historia no pregunta si fue incómodo. Ni si era “complejo”. La historia pregunta algo mucho más simple: ¿dónde estabas cuando hacía falta decir no?

Y algunos —en España— llevan demasiados años sin poder responder sin bajar la voz.

A.M. BEAUMONT