¿Y si lo del CIS es sólo pura estrategia maquiavélica?
José Félix Tezanos
Sí, señores. Tezanos lo ha vuelto a hacer. Sabíamos que es de los que no se vienen abajo y que, cuando el huracán arrecia, es de los de “sujétame el cubata, Pedro, que esto lo arreglo yo en lo que tardo en publicar el próximo CIS”. Pero ¿casi nueve puntos de distancia con el PP cuando todas las demás encuestas apuntan a un serio descalabro de los socialistas? Parece una locura que invita al cachondeo… aunque a lo mejor no lo es tanto.
Si hay algo que caracteriza al PSOE es su capacidad para la estrategia, y el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, como buen socialista, sabe cómo manejarla. Conoce bien los puntos débiles del PP y sabe que, cuando los populares creen tener la victoria asegurada, tienden a bajar el pistón. Es un reflejo casi genético: miedo a meter la pata por sobreexposición y pánico a movilizar en el último minuto al electorado de la izquierda. Lo vimos en Extremadura donde la campaña de perfil bajo de Guardiola le sirvió para ganar, sí, pero no para alcanzar una mayoría absoluta que le habría permitido gobernar sin el permiso de Vox. Victoria con regusto a pepino sin pelar.
Tenemos por delante otras tres citas electorales que, según todos los sondeos, deberían certificar el descabello del actual PSOE. Pero conviene no dar nada por cerrado, porque esa victoria “de calle” del PP que ya se da por hecha puede provocar, otra vez, un exceso de prudencia en sus candidatos. Y si a eso se le suma un CIS exageradamente optimista, pero todavía capaz de infundir ánimos a ese puñado de votantes que siguen creyendo en su objetividad, Aragón, Castilla y León y Andalucía podrían arrojar un resultado muy bueno para el PP, aunque menor del que esperan en Génova.
Y quizá ahí esté la clave. Tal vez lo que busca Tezanos sea un “de perdidos al río”: no ganar, pero sí rebajar las expectativas del rival; no evitar la derrota, pero sí hacer que la victoria parezca menos victoria. ¿Es retorcido? Bastante. ¿Cinismo puro? También. Pero, a estas alturas, pensar que el CIS juega a decir la verdad como si nada estuviera en juego es casi más ingenuo que creerse la encuesta.