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Mejor recomendar libros que dar explicaciones

Pedro Sánchez en el vídeo de TikTok en el que enseña la Sala del Reloj de Moncloa.

Pedro Sánchez en el vídeo de TikTok en el que enseña la Sala del Reloj de Moncloa.TikTok

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Quizá haya alguien que todavía no sepa que Pedro Sánchez se ha hecho un TikTok en pleno Tic Tac de su legislatura. Y no lo ha hecho para anunciar una medida, ni para pedir perdón, ni siquiera para explicar algo que no entendamos. Se ha hecho un TikTok para contarnos qué le gusta. Como si el país llevara años diciendo: “Sí, sí, muy bien lo del IPC, pero ¿qué tendencia literaria te ha marcado últimamente, Pedro?”.

El presidente aparece relajado, cercano, con esa serenidad que solo tienen los que saben que pase lo que pase— una crisis, una catástrofe, un incendio político— siempre hay tiempo para recomendar un libro de un autor japonés

Luego viene la música. Pedro escucha jazz, indie, electrónica, rock alternativo… Escucha de todo, que es lo que se dice cuando uno quiere parecer que está a la última y, al mismo tiempo, gustar a todo el mundo. Bueno, todo no, porque los grupos del sonido Caño Roto (ya saben, esos que hablan de barrios marginales, drogas, cárcel y familia) le quitarían profundidad intelectual.

En cada vídeo luce un outfit diferente: un día camisa informalmente formal; otro, vaqueros y suéter o un conjunto de pantalón de traje y chalequillo que dice “he estado trabajando pero tengo derecho al afterwork”. Da igual lo que pase en el país, que el día anterior sus socios le hayan hecho una peineta o que sus ministros candidatos estén a punto de romperse el peroné: él aparece recomendando un disco como quien riega una planta de interior mientras la casa se le está incendiando.

Una se imagina el resto de la legislatura así: apagones, crisis, meteoritos, invasiones alienígenas, y Pedro, con otro look y un decorado ad hoc, explicándonos que ha descubierto un grupo de jazz electrónico islandés que mezcla muy bien el silencio con la angustia. “Muy recomendable”, dirá, como si sus recomendaciones tuvieran las propiedades de un Orfidal colectivo.

Y nosotros, desde debajo de los escombros, asentiremos educadamente, no porque nos importe, sino porque durante 30 segundos parecerá que no pasa nada. Y eso aunque parezca mentira, amigos, en tiempos convulsos hay a algunos que les reconforta. Que le voten cuando llegue el momento, ya es harina de otro costal. Por cierto, ¿quién paga todo esto?

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