Un Gobierno en el Salvaje Oeste

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Pedro Sánchez ha viajado a Dubai para una conferencia internacional en la que los principales países invitados eran los “muy influyentes” Botswana, Georgia y Bután. Ha recorrido 11.000 kilómetros para no presidir el Consejo de Ministros donde se ha comprobado sus mentiras sobre las pensiones y sobre lo que él denomina “escudo social”, ya que ha tenido que volver a la casilla de salida como el año pasado y tramitar un Real-Decreto para el aumento de las pensiones y otro distinto para incluir, entre otras cosas, el escudo de protección a los okupas.
Pero en la rueda de prensa posterior a su intervención en Dubai, dijo una frase con la que quiso envolver su nueva cortina de humo relativa a las redes sociales y los menores. En esa rueda de prensa habló del “Salvaje Oeste” para describir la utilización de plataformas digitales. Sobre los menores y las redes había mucho que hablar, y sin duda hay que reconocer que Sánchez ha conseguido que durante unas horas se desviara la atención de lo que se estaba debatiendo en España el pasado lunes y martes, y que era el fracaso de la izquierda al llevar a Feijóo a la comisión de la dana donde fueron a por “lana y salieron trasquilados”, de las pensiones, de la okupación ilegal, y sobre todo de la comparecencia de Oscar Puente en la comisión de transportes del Congreso.
Sánchez sabe que es en el “Salvaje Oeste” donde está imperando la ley del que más fuerte pero no por su fuerza electoral, sino del que más puede chantajear a un Gobierno únicamente preocupado en sobrevivir. Así vimos en la comisión de la dana como el matón del saloon del oeste americano en que se ha convertido Gabriel Rufián impone su ley. O como el siniestro personaje que sale entre las sombras que representó el de Bildu Oskar Matute.
También vimos la figura del triste enterrador que en esta ocasión la representó la diputada socialista valenciana Marta Trenzano, empeñada en enterrar al PSOE cada vez que lograba articular una frase. Aunque la que se le escuchó muy bien fue la que dijo sobre por qué estuvo el día 30, después de la riada de Valencia, en el Congreso asaltando RTVE. Fue una frase que seguro se ha arrepentido: “me quedé en el Congreso porque no se podía hacer nada por las víctimas”, frase que explica por qué los ciudadanos de Algemesí votaron para que se fuera de alcaldesa.
El Salvaje Oeste del Gobierno también lo vimos el martes en la intervención del ministro Puente, que por cierto se sometió al mismo profesional del maquillaje que Pedro Sánchez con su manía en pintarse dos rayas marrones en los pómulos para simular cansancio. En esta intervención nos recordó al famoso vendedor de crecepelos que hablaba mucho para engañar a los ciudadanos que visitaba con su viejo carricoche.
Este personaje del oeste americano iba de pueblo en pueblo intentando engañar, como Puente que va de entrevista en entrevista mintiendo para ocultar que su producto es defectuoso, como se acredita que ahora suspenda líneas férreas o baje velocidad, y cuando le dicen que es mentira recurre a justificaciones peregrinas como echar la culpa a Rajoy o al cambio climático, como hacían en el oeste estos charlatanes de feria que culpaban al primero que se les ocurría cuando el “pelo no crecía”, como había prometido.
Pero la frase de Pedro Sánchez, que salió sin duda del subconsciente, sobre comparar la política con el “salvaje oeste”, también la vimos reflejada en el sainete de los decretos sobre pensiones y “del escudo social”. Porque, como ocurrió el año pasado, Sánchez mezcló pensiones con la protección de delincuente para contentar a sus socios comunistas, sabiendo que no se iba a aprobar, para ahora negociar a tres bandas con Podemos, PNV y Junts dos decretos, uno para el aumento de pensiones que sin duda se aprobará salvo que lo ensucien con otra propuesta “trampa”, y el de los okupas que no tiene la mayoría asegurada.
Pero Podemos ya lo ha calificado de “asquerosidad”, Junts de estafa y el PNV, como de costumbre, la apoya como fiel camarero del dueño del saloon que sirve la bebida con el miedo de que se alborote la sala y empiece la pelea de todos contra todos, que en este caso es Pedro Sánchez.
Esta es la realidad de Pedro Sánchez que ha descrito, a lo mejor de forma inconsciente, en su viaje a Dubai. La política española discurre como en una película del Salvaje Oeste, en la que están el matón, el siniestro, el enterrador, el charlatán de feria, las bandas de forajidos, las camareras, y todos ellos chantajeando a aquel que quiere seguir siendo el que sirve las bebidas en el saloon, y que sabe que las bebidas se están acabando y que los ciudadanos decentes quieren que venga un nuevo sheriff a la ciudad.
Ante esta realidad, toda España vio el lunes pasado, en la comisión de la dana, cómo Alberto Nuñez Feijóo sabe poner en su sitio a todos estos personajes de segunda categoría, por lo que al Salvaje Oeste monclovita le quedan un par de bolsas de palomitas.