la mirilla
Otra vez el partidista “No a la guerra” de Sánchez

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez
Cada vez que el tablero internacional se complica, Pedro Sánchez parece buscar una oportunidad interna.
La escalada en Irán no es un episodio menor. Tiene implicaciones energéticas, estratégicas y diplomáticas. Enormes. Pero en España empieza a leerse en clave doméstica.
Da la impresión de que el presidente quisiera volver a situarse al frente de una pancarta vieja conocida de ls izquierda: la del “No a la guerra”. No tanto como análisis geopolítico, sino como herramienta de polarización frente al PP.
La historia pesa. En este país la consigna desde luego funciona. Moviliza. Divide. Simplifica. Pero la política exterior no es una manifestación.
España forma parte de la Unión Europea. De la OTAN. Tiene compromisos. Intereses. Aliados.
No se puede convertir cada crisis internacional en un episodio de supervivencia parlamentaria. Porque el mensaje que se lanza fuera importa. La ambigüedad calculada puede servir para cohesionar a una base electoral. Pero en diplomacia genera desconfianza. Y la desconfianza tiene coste económico, estratégico y reputacional para España.
La pregunta no es si se está a favor o en contra de una intervención concreta. La pregunta es si nuestro país actúa como socio fiable o como actor acomodaticio.
Cuando la política exterior se pliega al cálculo doméstico, el país pierde peso. Y un país sin peso internacional acaba no negociando, simplemente, acata.
La pancarta puede dar titulares. Pero quita liderazgo.
A.M. BEAUMONT