Pedro Sánchez, el brazo tonto de tiranos y terroristas

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, junto al presidente de Irán, Hassan Rohani.
Teniendo en cuenta que Pedro Sánchez es un psicópata de manual de psiquiatría no cabe sorprenderse de que su actividad política se haya desarrollado al margen del código ético vigente en los países democráticos, posicionándose por ello fuera de los límites que todo gobernante honesto debe respetar. De hecho, la acción de gobierno del psicópata monclovita no ha estado dirigida por la vocación de servicio a la comunidad, sino que ha estado guiada única y exclusivamente por el interés personal, básicamente consistente en vivir a cuerpo de rey, mientras las personas de su entorno familiar y su círculo político más cercano presuntamente se dedicaban a enriquecerse de forma ilícita.
Como consecuencia de su particular adicción a la maldad, ya desde el principio de su mandato presidencial pudimos comprobar como P. Sánchez en cuestiones de política nacional tendía de manera compulsiva a buscar la compañía y el apoyo de organizaciones ligadas al terrorismo.
Así, tras el intento de secesión en Cataluña el 1-O de 2017, se produjeron importantes disturbios y enfrentamientos con la policía, fundamentalmente en Barcelona, impulsados por organizaciones civiles independentistas, como los Comités de Defensa de la República (CDR) y Tsunami Democràtic (TD). Como consecuencia de los altercados personas pertenecientes a los CDR y a TD fueron investigadas por la Audiencia Nacional por delitos de terrorismo, rebelión y tenencia de explosivos.
Sin embargo, a pesar de la gravedad de los hechos y como contrapartida al apoyo parlamentario de Junts y ERC, en 2024 P. Sánchez impulsó la amnistía de todas aquellas personas vinculadas de alguna forma a la intentona golpista, incluidos los acusados por llevar a cabo actos terroristas, demostrando con ello su proverbial falta de escrúpulos morales.
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No satisfecho con la magnitud de tan deplorable comportamiento, P. Sánchez también buscó el apoyo de EH-Bildu, es decir, del brazo político de la organización terrorista ETA, de tal forma que, prosiguiendo con el blanqueamiento de ETA iniciado por su diabólico mentor, José Luis Rodríguez Zapatero, el Gobierno socialcomunista no solo transfirió las competencias en materia penitenciaria al País Vasco, sino que paralelamente comenzó a trasladar a los presos etarras a las cárceles vascas, para así conseguir su rápida e ilegítima puesta en régimen de semilibertad, cediendo así al chantaje del entramado abertzale que durante décadas sembró el terror en toda la geografía española.
Si esto ocurre a nivel nacional en el ámbito internacional la política exterior sanchista parece desarrollarse por los mismos derroteros, en este caso con la particularidad de que el apoyo que presta a grupos terroristas se ve acompañado por la connivencia con regímenes dictatoriales, lo cual sin duda nace de la profunda perversión del alma que P. Sánchez padece.
Así, el 7 de octubre de 2023 milicianos palestinos integrantes de la organización terrorista Hamas atacaron brutalmente a las personas congregadas en un festival musical que se estaba celebrando en suelo israelí, provocando la muerte de alrededor de 1.200 civiles y el secuestro de unas 250 personas, mayoritariamente mujeres, que fueron violadas, torturadas y, en algunos casos, asesinadas. Como consecuencia de todo ello el Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu lanzó una contraofensiva que dio lugar a la muerte de miles de palestinos en la franja de Gaza.
A la luz de estos acontecimientos se puede decir que, si salvaje fue el atentado palestino, desmedida fue la respuesta israelí, pero P. Sánchez, sin tomar en consideración la cadena de odio que desgraciadamente envuelve las relaciones entre Palestina e Israel, tomó partido por el grupo terrorista Hamas. De hecho, P. Sánchez llegó al extremo de acusar de genocida al Gobierno israelí, obviando que el lema fundacional de Hamas dice textualmente “Desde el río hasta el mar”, queriendo señalar con ello que su objetivo final es eliminar a todos los judíos que viven entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, dejando patente con tal planteamiento su ardiente deseo de exterminar a los judíos, lo cual evidencia una predisposición genocida por parte de Hamas que sibilinamente P. Sánchez ha preferido ignorar.
Con posterioridad, concretamente el 3 de enero de 2026, el Gobierno de Estados Unidos extrajo de Caracas al narcodictador venezolano Nicolás Maduro para ponerlo a disposición del Tribunal Federal de Manhattan. Como no podía ser de otra forma, sobre todo teniendo en cuenta la presunta financiación ilegal del PSOE con dinero procedente del narcotráfico venezolano, P. Sánchez se puso a favor de la narcodictadura chavista y en contra de la Administración Trump, alegando la vulneración de la legalidad internacional.
Es decir, P. Sánchez, sobre la base de una excusa barata, apoyó a un régimen dictatorial que asesinaba, secuestraba, torturaba y mataba a toda voz disidente, en el cual sus máximos dirigentes se enriquecían mediante el tráfico de drogas mientras el 80% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza, que convirtió a Venezuela en un santuario de grupos terroristas islámicos como Hezbollah y Hamas y que, para colmo de males, usurpó el poder al negar la aplastante victoria de la oposición liderada por Edmundo González Urrutia y María Corina Machado en las elecciones generales celebradas en mayo de 2025. Evidentemente, todo ello constituye una gravísima violación de los Derechos Humanos de los venezolanos, pero P. Sánchez, cómodamente instalado en el Palacio de la Moncloa, prefirió seguir recibiendo el apoyo económico de la narcodictadura chavista, mientras despreciaba el sufrimiento del pueblo venezolano, exhibiendo así, una vez más, la hipocresía que le caracteriza.
Pero los desmanes no quedaron ahí, de tal forma que cuando el 28 de febrero de 2026 se produjo el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel al régimen iraní de los ayatolás provocando la muerte de su líder supremo, Alí Jamenei junto a su cúpula dirigente, P. Sánchez vio una oportunidad de oro para protagonizar una campaña propagandística con claros tintes electoralistas, resucitando el “no a la guerra”. De esta forma, al posicionarse en contra no solo de Estados Unidos e Israel, sino también de las grandes potencias europeas que han apoyado la intervención militar, P. Sánchez se ha puesto del lado del régimen iraní con la esperanza de atraer a esa parte de la izquierda que hace tiempo le da la espalda por carecer de un proyecto político mínimamente serio y coherente.
En consecuencia, puede decirse que P. Sánchez se ha convertido en el adalid de un régimen teocrático, tiránico, criminal, misógino y homófobo, que promociona el terrorismo islámico financiando a Hezbollah en el Líbano, a los hutíes en Yemen, a las milicias chiíes en Irak y a Hamas en Gaza y que, para más inri, está empeñado desde hace años en desarrollar un programa nuclear cuya finalización supondría una grave amenaza para la estabilidad mundial. A pesar de todo y para mostrar al mundo su postura proiraní, P. Sánchez alardeó de su negativa a que Estados Unidos pudiera utilizar las bases militares de Rota y Morón.
Sin embargo, demostrando que su impostura no tiene límites, resulta que desde que se inició la ofensiva contra Irán más de 30 aviones han hecho escala en ambas bases militares para participar en la ofensiva estadounidense, uniéndose a ello el envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre integrada en el grupo europeo que lidera el portaviones francés Charles de Gaulle, evidenciándose con todo ello que España está apoyando activamente la guerra.
Obviamente, la paradoja que supone enarbolar el discurso de trinchera pacifista en clave doméstica a la vez que se participa en la ofensiva contra Irán no es fruto de un estado de enajenación mental transitorio de P. Sánchez, sino que obedece a una cuidadosa estrategia orientada a conseguir mejorar sus paupérrimas expectativas electorales mediante un posicionamiento nítidamente populista, sin mayor repercusión que dejar a la nación española sumida en la irrelevancia política a nivel internacional.
En definitiva, cabe concluir que, así como el pintor Paul Cézanne podía ver mediante el arte de la contemplación “el aroma de las cosas”, la gran mayoría de los españoles pueden percibir sin necesidad de grandes esfuerzos como P. Sánchez se ha convertido por derecho propio en “el brazo tonto de tiranos y terroristas”.