LA MIRILLA

Raúl del Pozo, el maestro que sabía mirar


El periodista y escritor Raúl del Pozo.Jesús Hellín / Europa Press

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El periodismo español pierde hoy a uno de los suyos de verdad. Ha muerto Raúl del Pozo. Y con él se va una forma de escribir que ya no abunda: la del periodista que mira la realidad con curiosidad, con cultura y con esa ironía fina que solo tienen quienes conocen bien la condición humana.

Raúl no era un comentarista al uso. Era un contador de historias. Un hombre capaz de convertir la política en literatura y la calle en crónica llena de nombres. Tenía algo que hoy escasea: estilo. En una época en la que tantos opinan gritando, él escribía con elegancia. Donde otros buscaban el insulto, él encontraba la metáfora. Y cuando la política se volvía gris, siempre aparecía en sus textos una chispa de inteligencia.

Raúl del Pozo pertenecía a esa generación de periodistas que entendía el oficio como una mezcla de personas, cultura, calle y curiosidad. Sabía escuchar. Observar. Conversar. Y, sobre todo, contar. Durante décadas ha sido voz imprescindible del columnismo español. Sus textos tenían esa rara virtud que distingue a los buenos periodistas: se podían reconocer sin mirar la firma. Eso ocurre cuando alguien tiene estilo propio.

Hoy el periodismo pierde a uno de esos hombres que no necesitaban levantar la voz para hacerse oír. Maestro, gran señor, enorme persona. Simpático, chispeante. Y, para muchos de nosotros, amigo. Descanse en paz, Raúl del Pozo. A.M. BEAUMONT