ESdiario

enfoques del director

Imagen de la fan zone de Iberdrola en A Coruña durante el mundial femenino.

Pitar al himno: la doble vara de medir del Gobierno de Sánchez que enfada a millones de españoles

Benjamín López

Creado:

Actualizado:

Este miércoles, en Cornellà, el RCDE Stadium vivió dos realidades opuestas. Mientras el himno de España sonaba con orgullo, banderas rojigualdas ondeando y el estadio coreando “yo soy español”, una parte de la grada pitó con saña el himno de Egipto y, después, soltó el bochornoso “musulmán el que no bote”. La izquierda y el Govern catalán se han rasgado las vestiduras: “grave”, “intolerable”, “hay que parar el partido”. Mossos investiga. Protocolo antirracista activado. Condenas a cascada. Muy bien. El respeto a los símbolos es exigible siempre.

Pero ¿dónde estaba esa indignación cuando, año tras año, en las finales de Copa del Rey que se disputan en territorio independentista, miles de aficionados pitaban el himno de España? ¿Dónde estaban Montero, Alegría o el propio Sánchez cuando el Camp Nou o San Mamés convertían el Marcha Real en un festival de silbidos? Silencio. Silencio cómplice. Silencio interesado.

Porque entonces el público que pita no es “ultra” ni “racista”: son los mismos a los que Sánchez necesita para seguir en La Moncloa: ERC, Bildu, PNV… Socios que ven en el himno nacional un estorbo. Y el Gobierno, en lugar de defenderlo con firmeza, opta por la discreción. En 2015, desde la oposición, Sánchez llamaba al Rey para expresar “respeto a los símbolos”. En el poder, prefiere mirar para otro lado.

Ayer, en Cornellà, el himno de España fue ovacionado. No era un partido de Barça; era la Selección. Ahí no hay clientela electoral que proteger. Por eso la izquierda puede permitirse la indignación selectiva. Pero millones de españoles perciben la trampa: para este Gobierno, el himno solo merece defensa cuando pitándolo no les cuesta votos.

Esa doble vara no es torpeza. Es cálculo. Y cada vez enfada más a quienes creen que España y sus símbolos no son negociables según el color del palco. El respeto no es opcional ni depende de la camiseta del equipo rival. O se defiende siempre, o se banaliza para siempre. Y Sánchez ya eligió.

tracking