ESdiario

la mirilla

La mala educación, Reverte, Puente y Trump

Arturo Pérez Reverte, en un acto de presentación de su nueva novela.

Arturo Pérez Reverte, en un acto de presentación de su nueva novela.JESUS HELLIN / STUDIOMEDIA19

Creado:

Actualizado:

Escucho estos días a Arturo Pérez-Reverte hablar de perder las formas. De una educación que ya no encuentra sitio en el presente. No lo hace por nostalgia sino para alertar de unas reglas básicas que ordenan nuestras vidas en común. Y que cuando se pierden algo más se resiente.

Hubo un tiempo en que decir “buenos días” importaba. No era una cuestión menor. Era una forma de reconocer al otro. De entender que la convivencia empieza en los detalles. Hoy eso parece antiguo.

Decir “pase usted primero”, quitarse el sombrero —o lo que ahora equivalga a ese gesto—, hablar con cierto cuidado… todo eso ha ido desapareciendo sin hacer ruido. Como si estorbara. Como si fuera inútil. No lo es.

La política es un buen espejo. El lenguaje se ha vuelto más bronco. Basta leer en redes a ministros sectarios y mal educados como Óscar Puente. Se busca exasperar. Machacar al divergente. Las formas, desgraciadamente, han dejado de importar porque se han confundido con debilidad. Y no lo son.

Las formas son lo que permite que el desacuerdo no se convierta en ruptura. Que la diferencia no derive en desprecio. Sin ellas, todo se degrada. Primero el tono. Después el fondo. Fíjense en Trump, es un buen ejemplo de todo esto elevado a la enésima potencia: “Toda una civilización va a morir esta noche”.

Y así hemos llegado a un punto en el que casi nada sorprende. Ni los insultos. Ni el ruido constante. Ni esa sensación de que todo vale.

Pero no todo vale. Porque cuando se pierde el respeto en lo pequeño, acaba perdiéndose en lo importante. Y entonces la convivencia deja de sostenerse en normas compartidas. Pasa a depender del pulso. De la ley del más fuerte. Y eso, más que un avance, es un retroceso.

A. M. BEAUMONT

tracking