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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Congreso.

Adamuz hunde a Sánchez y Puente: la vía se rompió 24 horas antes, pero no se detectó por un fallo

Benjamín López

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El accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el 18 de enero de 2026 en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, se ha convertido en una pesadilla recurrente para el Gobierno de Pedro Sánchez. Especialmente para el presidente y para su ministro de Transportes, Óscar Puente. Los 46 fallecidos y más de un centenar de heridos no les van a dejar descansar. El último informe de la Guardia Civil es demoledor: la vía ya estaba rota desde la noche anterior, pero el sistema de Adif no dio la alerta. Hubo más de 21 horas para detectarlo. No se hizo por un fallo de configuración del sistema.

Según el atestado policial, los sensores registraron una caída sostenida de tensión en el carril desde las 21:46 del 17 de enero. La anomalía era compatible con una rotura, pero el umbral de alerta estaba mal configurado: solo saltaba por debajo de 0,780 voltios. La empresa Hitachi Rail confirmó que técnicamente era detectable, pero la configuración elegida por Adif lo impidió. Los datos se almacenaban, sí, pero solo se revisaban en caso de avería o mantenimiento rutinario. Nadie miró. Nadie actuó.

Óscar Puente, en sus largas comparecencias ante la prensa y el Senado, “casualmente” se olvidó de este detalle clave. Insistió en que se trataba de un “accidente tremendamente extraño” y en que el fallo surgió “de súbito”. Los hechos lo desmienten cada vez más. 

No fue un suceso rarísimo, como quiso vender. Fue el resultado previsible de una cadena de fallos: falta de inversión, mantenimiento deficiente e inspecciones insuficientes en una infraestructura crítica. La hipótesis principal de la Guardia Civil y de la CIAF apunta directamente a un problema en la vía o en su soldadura, sin descartar que se tratara de un defecto acumulado durante meses.

Cada nuevo dato refuerza la imagen de negligencia. Y la negligencia, cuando cuesta 46 vidas, deja de ser un error técnico para convertirse en una responsabilidad política inasumible. Más allá de lo que determinen los tribunales, alguien debe rendir cuentas ante la opinión pública. Puente debería dimitir. Si no lo hace, los 46 fallecidos de Adamuz se convertirán en la mochila política que cargará el resto de su carrera. Y Sánchez, como máximo responsable del Ejecutivo, tampoco podrá quitarse nunca esa losa. La vía se rompió hace meses. La credibilidad del Gobierno, también.

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