editorial
La negligencia de Adif en Adamuz pudo costar vidas: 45 minutos sin atender a las víctimas del Alvia
Desde las 19:43, hora del siniestro, se sucedieron llamadas de pasajeros y de la interventora del Alvia alertando de heridos graves y de un “accidente grande”. Sin embargo, la confusión inicial -alimentada por comunicaciones internas contradictorias- hizo que los servicios de emergencia se centraran exclusivamente en el Iryo

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, durante el pleno extraordinario sobre el caos ferroviario en el Senado.
l informe preliminar de la Guardia Civil sobre el accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el 18 de enero de 2026, ha puesto negro sobre blanco una realidad estremecedora. Mientras el tren Iryo volcaba y generaba los primeros avisos de emergencia, el convoy Alvia -que sufrió el impacto más brutal- quedó abandonado a su suerte durante más de 45 minutos. Treinta y siete de las 46 víctimas mortales viajaban en ese Alvia. Esa demora no fue casualidad ni fruto del caos inevitable: fue el resultado de una gestión deficiente de la información por parte de Adif, el gestor de infraestructuras ferroviarias.
La cronología reconstruida por la Benemérita es demoledora y confirma punto por punto las informaciones de ESdiario sobre este asunto. Desde las 19:43, hora del siniestro, se sucedieron llamadas de pasajeros y de la interventora del Alvia alertando de heridos graves y de un “accidente grande”. Sin embargo, la confusión inicial -alimentada por comunicaciones internas contradictorias- hizo que los servicios de emergencia se centraran exclusivamente en el Iryo. Dos momentos clave lo confirman: a las 20:09:58, Adif informó al 112 de Madrid que el Alvia “no habría descarrilado”, sino que solo había realizado un frenazo de emergencia. Media hora después del impacto, el gestor de la vía aún minimizaba o desinformaba sobre la situación real del segundo tren. Y a las 20:31:58, una patrulla de la Guardia Civil descubrió el Alvia a 700 metros del punto principal, gracias a que un pasajero del propio convoy se vio obligado a caminar hasta el Iryo para pedir ayuda. Solo entonces, a las 20:36, se confirmó la gravedad y se redirigieron recursos.
Óscar Puente, ministro de Transportes, negó cualquier descoordinación y calificó de “bulo” las denuncias sobre esos minutos críticos. La Guardia Civil tumba esa versión. No hubo falta de respuesta sobre el terreno -las patrullas llegaron pronto al Iryo-, pero sí un fracaso estrepitoso en la coordinación y depuración de la información desde los centros de control de Adif. El resultado fue que decenas de heridos y agonizantes permanecieron sin asistencia sanitaria efectiva durante tres cuartos de hora en plena noche, en un escenario de vagones volcados y accesos complicados.
Esta negligencia no solo agrava el dolor de las familias. Cuestiona la fiabilidad del sistema de seguridad ferroviaria español, especialmente cuando se suma la información de que la vía presentaba una rotura previa en una soldadura. Adif no solo gestionó mal la emergencia: parece haber “perdido” un tren entero en su propio protocolo de crisis.