enfoques del director

La calle también se alza contra Pedro Sánchez: pensionistas y víctimas de Adamuz alzan la voz
Este miércoles, las inmediaciones del Congreso de los Diputados han sido testigo de un doble aldabonazo social contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Mientras las víctimas del trágico accidente ferroviario de Adamuz —46 fallecidos y decenas de heridos— colocaban otras tantas sillas vacías en memoria de los muertos y exigían responsabilidades políticas, verdad y medidas concretas de seguridad en el ferrocarril, los pensionistas se concentraban para reclamar el poder adquisitivo de sus pagas y la estabilidad del sistema público. Dos protestas distintas, un mismo mensaje: la calle ya no calla.
No es un hecho aislado. Es la expresión visible de un descontento que crece de forma imparable. Sánchez no solo arrastra un rosario de problemas judiciales que no cesan: el juicio pendiente en el Supremo, el procesamiento de su esposa Begoña Gómez, el inminente proceso contra su hermano y la investigación abierta en la Audiencia Nacional por la presunta financiación irregular del PSOE. A eso se suma una soledad parlamentaria absoluta. La mayoría Frankenstein que sostuvo su investidura se ha evaporado salvo para contadas ocasiones. Lleva toda la legislatura con los Presupuestos prorrogados de la anterior y sin capacidad real para sacar adelante leyes de calado.
Pero lo más grave es que el rechazo ya no se limita al ámbito político o judicial. Es social. Sánchez no puede pasear por la calle con tranquilidad. Ha encadenado derrotas electorales severas. Y hoy, pensionistas que ven peligrar sus pensiones y familias destrozadas por la tragedia de Adamuz —que claman contra la inacción y exigen dimisiones— coinciden en señalar al mismo responsable: un Gobierno cercado, aislado y cada vez más cuestionado.
Los problemas de Sánchez se multiplican. Su aislamiento es mayor. La contestación judicial, política y, sobre todo, social se hace cada día más fuerte. La calle habla cada díia con más claridad. Y no parece dispuesta a guardar silencio.
Andalucía
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Manuela Herreros