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Pedro Sánchez junto a su mujer Begoña Gómez

El procesamiento de Begoña Gómez cae como una bomba en Moncloa: Sánchez y su mujer, sin salida

Benjamín López

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El juez Juan Carlos Peinado ha cerrado la instrucción del caso Begoña Gómez y la envía a juicio con jurado popular. Sobre la esposa del presidente del Gobierno pesan cuatro delitos graves: malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida de marca. Junto a ella se sientan en el banquillo su asesora en Moncloa, Cristina Álvarez, y el empresario Juan Carlos Barrabés. El intrusismo profesional queda archivado, pero los indicios que el magistrado considera sólidos son más que suficientes para que las versiones se enfrenten ahora bajo juramento ante ciudadanos comunes.

La bomba ha estallado en Moncloa. Y la reacción del Gobierno no se ha hecho esperar: a los pocos minutos, el ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, salía a descalificar abiertamente al juez. Ha calificado la instrucción de “daño al buen nombre de la justicia” que “seguramente será irreparable” y ha deslizado que un tribunal superior e “imparcial” la revocará. Es la respuesta inmediata, nerviosa e indecente de un Ejecutivo que corre a defender a una persona particular por el mero hecho de ser la mujer del presidente. Los ataques reiterados contra Peinado desde el primer día —ruido, persecución política, lawfare— no le han servido de nada a Sánchez. Y ahora será exactamente lo mismo.

El impacto es demoledor. Pedro Sánchez, que ha construido su imagen sobre la superioridad moral y la defensa de las “mujeres” frente a supuestos ataques machistas, ve a su propia esposa procesada por corrupción. Cada ausencia, cada maniobra dilatoria, cada carta de dimisión teatral alimenta la percepción de que en Moncloa se creen por encima de la ley.

Y lo peor está por llegar. El juicio no será inmediato: los recursos, los plazos y la propia naturaleza del procedimiento lo sitúan más bien para el próximo año, acercándolo peligrosamente a las elecciones generales, que como tarde deben celebrarse en el verano de 2027. Esto deja contra las cuerdas no solo a Begoña Gómez, sino también a Sánchez y a todo su Gobierno.

Sánchez y su mujer tienen un buen lío encima. Ya no valen victimismos ni cartas de dimisión. Hay un banquillo, un jurado popular y una verdad judicial que, tarde o temprano, saldrá a la luz. La España real observa. Y espera justicia, no excusas.

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