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Un reemplazo necesario

Pedro Sánchez saluda a Irene Montero en una imagen de archivo: se llevaban bien

Pedro Sánchez saluda a Irene Montero en una imagen de archivo: se llevaban bien

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“A las personas migrantes y racializadas que, por favor, no nos dejen solas con tanto facha. Claro que sí, queremos que voten. Hemos conseguido papeles. ¡Regularización ya! Y ahora vamos a por la nacionalidad o a cambiar la ley para que puedan votar, por supuesto. Ojalá la teoría del reemplazo. Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo. Reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores, y que podamos hacerlo con gente trabajadora, tenga el color de la piel que tenga; sea china, negra, marrona…".

La lisérgica soflama fue evacuada por Irene Montero. Y, con moderada vehemencia, es sostenida por el sanchismo que, lejos de excretar semejantes disparates, se apresta a la política de hechos consumados. Pedro Sánchez es de los “ahí lo llevas, y ahora vas, te quejas y lo criticas”. Así, este gobierno espera reacciones identificadas con el racismo, la xenofobia, la homofobia, el fascismo y la intolerancia en asuntos tan graves como la regularización masiva de inmigrantes ilegales, sentenciando discursos de hodio en las respuestas y opiniones de los no afectos al régimen.

Este no es un gobierno homologable con el Estado de derecho y la democracia occidental; es un hontanar, un surtidor de provocaciones de las que no escapa ningún sector de la sociedad para mantener la confrontación. El cruce de acusaciones, calificativos y señalamientos está servido en una campaña que bascula entre la teoría del reemplazo y la prioridad nacional.

Montero -en este caso, Maria Jesús- bajaba al incómodo destierro andaluz exhibiendo sus caireles más vergonzantes en el primer debate a seis. Sí, fueron seis: Por Andalucía, Adelante Andalucía, PSOE, VOX, Partido Popular… y la verdadera realidad de Andalucía; la que todos ignoraron.

La exconsejera de Salud de la Junta de Andalucía del PSOE no se recató en su desmedida desfachatez para argüir que la sanidad pública es la prioridad del programa electoral socialista. ¡Habrase visto insulto semejante! Se permitió la barbaridad de anunciar el “final de las listas de espera por ley”; que es lo mismo que acabar, por ley, con las almorranas, el meteorismo y los golondrinos. Esta última dolencia es crucial para facilitar el efusivo aplauso con exposición axilar. Además, con el concurso de la extrema izquierda, urdieron la andanada contra Moreno Bonilla por el cribado del cáncer de mama. Aquí, Juanma no reaccionó con argumentos demoledores como que el SAS amplió la ratio, elongando el margen superior e inferior de asistencia a la mujer, pasando a edades de 45 a 75 años. En cualquier caso, la utilización de algunas puntuales disfunciones sanitarias, con bastardos intereses electoralistas, no deja de ser una inmundicia a beneficio de campaña.

VOX evita cualquier deriva del rumbo fijado. En un debate, especialmente cuando reina la dispersión y la confusión, es muy importante fijar una idea fuerza. La “prioridad nacional” estuvo siempre presente y reforzada con ejemplos que todos entienden y ninguno de los debatientes rebatió: “el coste de un mena alcanza los 4.500 euros al mes”. Esta aseveración condujo a la conmiseración de Montero, que interpretó el acrónimo como insultante: “son niños y niñas”, repitió. En ese momento, Juanma Moreno se vio desarmado de su reciente argumento de campaña: la ternura. El candidato popular apela en campaña a la ternura como catalizador de sentimientos y la “fuerza que sale del corazón: el voto”. En fin.

En los alambicados diseños de campaña podría tener cabida “la ternura” de Moreno Bonilla como argumento que no active el voto socialista. Una oportuna conmiseración ante la candidata socialista enviada por Sánchez puede, cuando menos, mantener en casa al votante abrumado y abochornado por la deriva de un partido en el que ya no se reconoce. Por el contrario, la constante universal de la izquierda “lo que sea antes de que gobiernen los fachas” podría activarse con una campaña más agresiva. En cualquier caso, la ternura está bien para los nietos y un TikTok de una camada de lindos gatitos. No se olvide que la campaña no se debate entre gráciles cachorritos; son saurios, quelonios, ofidios y jabalíes con los colmillos retorcidos.

La mejor encuesta está en la mesa de al lado en el restaurante y en la barra del bar. Cuando del gobierno se trata, basta con escuchar los comentarios. No hay atisbo de ternura, y el hartazgo eleva el tono y el repertorio de imprecaciones. Dadas las circunstancias, la ternura no se colige con el estado de ánimo de posibles votantes.

En otro orden de cosas, no es sólo la desafección ideológica. El gobierno de Sánchez ya provoca desasosiego, miedo e inseguridad. El episodio del barco con infectados por hantavirus muestra, una vez más, el ansia desmedida de Sánchez para exhibir su egolatría y megalomanía. Ya lo hace como emisario de la paz mundial situándose en el lado más correcto de la historia. De la irrelevancia, con inusitada insolencia, pasa a enervar a lideres como Trump o Netanyahu. ¡Cuándo se habrá visto en otra! Mediante el tocapelotismo sin fronteras consigue una amplia visualización internacional, que repercute en consecuencias nefastas para todos. Con el intento de hito histórico energético, Sánchez pretendía el récord mundial de abastecimiento eléctrico con renovables a máximo y nucleares a mínimo. Consecuencias: apagón, perdidas humanas y económicas y universal desprestigio.

Con el barco no desaprovecha oportunidad para demostrar al mundo mundial que la sanidad española no se arredra ante cualquier tipo de amenaza vírica, bacteriológica o alienígena. Cabo Verde no puede; Marruecos no quiere… ¡Pues aquí está España! Nueva oportunidad para seguir en el candelero internacional. Y si sale con barba, San Antón; si no, la Purísima Concepción.

Por tanto, como dice Irene Montero, el reemplazo es muy necesario.

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