No interrumpir a Sánchez

Pedro Sánchez, rodeado
Existe una máxima política que recomienda no interrumpir nunca al adversario cuando se está equivocando. Pedro Sánchez parece decidido a demostrar cada día la utilidad del consejo.
Cada nueva revelación. Cada nueva investigación. Los nombres que aparecen vinculados a los escándalos que rodean al PSOE terminan produciendo el mismo efecto: acercar el foco un poco más al presidente.
Lo llamativo ya no son los casos. Lo importante es la cercanía.
Ábalos. Koldo. Santos Cerdán. Leire. Zapatero. Mercedes González. Serrano. El hermanísimo. Su esposa, Begoña Gómez. Un suma y sigue de su entorno político más próximo. Investigaciones que alcanzan a personas de su máxima confianza. Todo parece desarrollarse dentro de un perímetro cada vez más estrecho.
Y, aun así, Sánchez insiste. “Vamos a seguir.” Seguir es hoy su único programa político.
El problema es que ya no arrastra únicamente su propio desgaste. Se lleva por delante al PSOE. Y también a quienes le mantienen en el poder. Porque llega un momento en que los socios dejan de ser observadores para convertirse en corresponsables. Cada votación. Cada apoyo. Cada balón de oxígeno parlamentario les vincula un poco más a una legislatura que hace tiempo dejó de vender esperanza para dedicarse exclusivamente a sobrevivir.
Desde luego, al PP esta situación le resulta electoralmente favorable. Sería absurdo negarlo. Si bien España no debería conformarse con una política convertida en un simple espectáculo de resistencia.
Un país busca algo más que un presidente bunkerizado. Necesita dirección. Ejemplaridad. Confianza. Y ninguna de esas tres cosas parece encontrarse hoy tras los muros de La Moncloa.
¿A cuántos está dispuesto Sánchez a arrastrar con él mientras resiste?
A. M. BEAUMONT