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Entre el cuajo y la responsabilidad

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en un mitin del partido.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en un mitin del partido.Europa Press

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Hay personas que, cuando la casa se les llena de humo, buscan un extintor. Otras llaman a los bomberos. Las más sensatas salen corriendo. Y luego está Pedro Sánchez, que en mitad de un incendio que amenaza con convertir en cenizas a su partido, a su gobierno, a su familia y a él mismo, opta por seguir subiendo vídeos en Tiktok con interesantísimas recomendaciones culturales, se va de concierto a disfrutar de la música indie y se pega como una lapa a León XIV quien sabe si con la intención de echar mano, llegado el caso, al histórico derecho medieval de acogerse a Sagrado que amparaba a los perseguidos por la Justicia.

Si hay algo que admiro en el presidente es su cuajo; esa capacidad tan suya de desenvolverse en medio de una tormenta política de magnitud ocho comentando las virtudes narrativas de una autora nórdica o convirtiéndose en el pez piloto de un Papa al que su doctrina se la trae al pairo.

Sánchez es capaz de lagrimear un día para comparecer confesándose víctima de una traición colectiva de todos los que le rodean, e irse al siguiente a mover el esqueleto a ritmo de Gorillaz, que como todo el mundo sabe es un acto institucional. De ahí que utilizara el Falcon que pagamos todos.

Es cierto que un presidente puede utilizar ciertos recursos públicos en actos privados, de partido o vacacionales por seguridad, pero hacerlo precisamente en este momento demuestra , como poco, una falta de sensibilidad y/o de prepotencia preocupante… aunque pensándolo bien, quizá solo se trate de un exceso de responsabilidad para sus seguidores que seguro que esperan como agua de mayo sus próximas recomendaciones musicales. En el capítulo de lecturas lo tiene fácil: la encíclica de León XIV

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