la mirilla
Los Leones, renglones de Dios o guiños de la historia

León XIV durante el recorrido procesional
Quizá sean los renglones de Dios. O que la historia tiene a veces una extraña forma de hacer guiños.
En 1891, el Papa León XIII publicó una encíclica que acabaría marcando una época: Rerum Novarum. Europa vivía entonces una revolución sin precedentes. Las fábricas crecían. Las máquinas transformaban el trabajo. Las ciudades se llenaban de obreros. El progreso avanzaba a una velocidad desconocida.
Pero aquel Papa tuvo la intuición de mirar más allá de las máquinas.
Mientras muchos discutían sobre producción, riqueza y desarrollo, él formuló una pregunta mucho más profunda. ¿Dónde queda la persona?
Más de un siglo después, otro León ocupa la silla de Pedro. Y el mundo vuelve a vivir una revolución.
Ya no son las fábricas. Son los algoritmos. Ya no son las máquinas de vapor. Es la inteligencia artificial. Ya no preocupan las chimeneas. Son las pantallas.
La tecnología vuelve a cambiar la economía, el trabajo, la educación, la comunicación e incluso nuestra manera de relacionarnos.
Y, sin embargo, la pregunta sigue siendo exactamente la misma. ¿Dónde queda la persona?
Vivimos una época fascinante. Nunca hemos tenido tanta información, tanta capacidad tecnológica ni tantas posibilidades de progreso. Pero tampoco habíamos convivido con tanta incertidumbre sobre el futuro inmediato.
Millones de trabajadores se preguntan cómo cambiarán sus profesiones. Los jóvenes observan un mundo que evoluciona a una velocidad vertiginosa. La inteligencia artificial promete oportunidades extraordinarias, pero también despierta inquietudes legítimas.
No es miedo al progreso. Es algo mucho más sencillo. La necesidad de que el progreso siga teniendo rostro humano.
Quizá por eso resulta tan sugerente que un Papa llamado León XIV llegue precisamente en este momento histórico. No porque vaya a resolver los desafíos tecnológicos de nuestro tiempo. Tampoco porque tenga respuestas técnicas para cada problema.
Pero vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión que ninguna innovación debería borrar. La dignidad humana.
España, Europa y Occidente discuten cada día sobre crecimiento económico, productividad, competitividad o desarrollo tecnológico. Y hacen bien. Todo eso importa.
Pero hay algo que importa todavía más. Recordar que las herramientas existen para servir a las personas y no las personas para servir a las herramientas.
León XIII lo recordó en la era de las fábricas. León XIV lo recuerda en la era de los algoritmos. Han cambiado las máquinas. Han cambiado los desafíos. El mundo es completamente distinto. Pero la gran pregunta de todas las generaciones sigue intacta. Cómo avanzar sin dejar de ser humanos.
A.M. BEAUMONT