editorial
La legislatura echa a andar en Andalucía: es exigible un pacto PP-Vox con cordura
La elección de la Mesa no es neutra. Debe ser el preludio de un acuerdo sensato. Un reparto equilibrado de responsabilidades en el órgano de gobierno de la Cámara

El actual presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha recogido el acta de diputado parlamentario en el Parlamento de Andalucía.
Hoy, 11 de junio de 2026, el Parlamento andaluz celebra su sesión constitutiva y elige a su Mesa. Arranca así, formalmente, la XIII legislatura tras las elecciones del 17 de mayo. No se trata de un trámite protocolario. Es el primer termómetro real de la relación entre el PP de Juanma Moreno y Vox. Los 53 escaños populares quedan a solo dos votos de la mayoría absoluta necesaria para la investidura. Triplica los resultados obtenidos por Vox que, con sus 15 diputados, tiene en su mano facilitar un Gobierno estable. Incluso su abstención bastaría.
La elección de la Mesa no es neutra. Debe ser el preludio de un acuerdo sensato. Un reparto equilibrado de responsabilidades en el órgano de gobierno de la Cámara sería la forma natural de reconocer el peso parlamentario de Vox y el primer gesto de pago por su apoyo a la investidura de Moreno. No es un capricho: es lógica democrática. Quien aporta los votos que deciden debe ver reflejado, en justa medida, su respaldo.
Vox tiene todo el derecho del mundo a poner precio a su apoyo. Dos escaños —o una abstención— son decisivos y nadie puede pretender que se regalen gratis. Pero ese precio no puede convertirse en coacción ni en exigencia desproporcionada. Dos escaños no otorgan derecho inalienable a sillones en el Consejo de Gobierno de la Junta. El PP ha sido claro: busca un acuerdo parlamentario, no un Gobierno de coalición. Y Andalucía, con su tamaño y complejidad, merece estabilidad sin sobresaltos.
La cordura es exigible a ambas partes. Moreno no puede ignorar la legitimidad de Vox como segunda fuerza de la derecha andaluza. Vox, a su vez, no puede elevar el listón hasta hacerlo inasumible. Los andaluces votaron el 17-M por un cambio moderado y eficaz, no por bloqueos ni maximalismos. Hoy, en la constitución de la Mesa, se mide la voluntad real de diálogo. Mañana, en la investidura, se sellará el futuro. Un pacto razonable, sin humillaciones ni maximalismos, es posible y necesario. Andalucía lo exige.