Si el carro chirría, pongámosle más carga encima

Médicos y facultativos durante una concentración frente al Hospital La Princesa, a 21 de mayo de 2026, en Madrid.
Estaba cantado: la regularización flash de inmigrantes, además de improvisada y de manga tan ancha como el cuello de Stallone, representa un problema serio para nuestro sistema sanitario que ya funciona con la elegancia precaria del equilibrista que cruza un cable cargando una lavadora. No lo digo yo. Lo dicen las matemáticas.
Las previsiones del gobierno eran de medio millón de regularizaciones. Las peticiones se han disparado hasta 1.250.000. Por otro lado, la Policía Nacional ya alertó sobre la entrada de irregulares procedentes de otros países europeos y sobre la actividad de mafias dedicadas a falsificar documentos que, por lo visto, está creciendo a un ritmo que ya quisieran para sí muchas tecnológicas. Ahí dejo el dato.
La realidad es que, incluso en un escenario conservador —un millón de regularizaciones y 800.000 residentes permanentes— el impacto potencial va a ser considerable, porque recordemos que la ley permite la reunificación familiar.
Es razonable pensar que a partir de ahora pedir una analítica será una experiencia inmersiva: uno entrará joven y saldrá con derecho a jubilación. Los médicos están en modo huelga, entre otras cosas porque no dan abasto con la media de ocho minutos que pueden dedicar a cada paciente, y la respuesta política es que si el carro chirría, hay que ponerle más carga encima. Hasta que reviente, por lo visto.
Naturalmente, cualquiera que señale este problema corre el riesgo de ser acusado de hablar de números cuando, en realidad, habla de personas. Pero precisamente porque hablamos de personas conviene hacer números, y no hay que ser Euler para darse cuenta de que las cifras tienen una curiosa tendencia a multiplicarse mientras los recursos públicos conservan la obstinada costumbre de no hacerlo. Y esto no es más que una parte del problema… Pero de lo de la vivienda, si eso, ya hablamos en otro rato
España
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Enrique Martínez Olmos