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Peinado, de vacaciones, destruye a Sánchez y a Begoña Gómez: ratifica el riesgo de fuga sin dudarlo
Antes de marcharse de vacaciones, el juez Juan Carlos Peinado ha enviado un auto demoledor a la Audiencia Provincial de Madrid. Firmado el 30 de junio, conocido este miércoles, el magistrado no solo mantiene las medidas cautelares contra Begoña Gómez (incluida la retirada del pasaporte), sino que las ratifica con una contundencia que no deja resquicio alguno.
No duda ni un instante. Invoca el precedente del ex primer ministro italiano Bettino Craxi, que en 1994 huyó a Túnez para eludir la justicia por corrupción y murió allí sin regresar. “No sería la primera ocasión”, escribe Peinado, en que un presidente de un país mediterráneo de la UE opta por la fuga ante un procedimiento por trama de corrupción. Y remacha: “NO SE DICE QUE ESE RIESGO DE FUGA NO EXISTA”.
Su mención anterior a que los escoltas policiales podrían facilitar una hipotética huida —por iniciativa propia o por órdenes superiores— la matiza ahora como mera hipótesis, no como probabilidad. Pero el riesgo sigue ahí, intacto. La defensa de Gómez pretendía que se levantaran las cautelas. Peinado se niega en redondo. Este auto, dictado en vísperas de sus vacaciones y pese al vendaval de presiones del Gobierno, de Marlaska, de los sindicatos policiales y de un CGPJ dividido, destroza el relato oficial.
Sánchez y Begoña Gómez intentan vender que las acusaciones de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida son una persecución política. El juez les recuerda que la ley es la misma para todos y que ni el poder ni los escoltas garantizan que alguien no pueda eludir la justicia si las penas superan los dos años. Peinado, a las puertas de la jubilación, no se pliega.
Antes de irse de vacaciones deja atado y bien atado que el riesgo de fuga es real y que no va a hacer la vista gorda. Es un mazazo directo a la estrategia de Moncloa: la esposa del presidente no es intocable. La independencia judicial, al menos en este juzgado, sigue funcionando. Y eso, para el sanchismo, es lo más destructivo que podía ocurrir.
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