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Ceuta retrata a Sánchez y a sus ministros sabelotodo

El recibimiento de Ceuta a Sánchez, entre una sonora bronca

El recibimiento de Ceuta a Sánchez, entre una sonora broncaCEUTA

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Pedro Sánchez tiene un problema con las crisis. No sabe gestionarlas. Pero quizá lo peor es que tampoco sabe acompañar a quienes las sufren.

Ha ocurrido demasiadas veces para considerarlo casualidad. Cuando llega una emergencia, aparecen los ministros con el mismo manual bajo el brazo. Declaraciones solemnes, explicaciones técnicas, cifras cuidadosamente escogidas y una seguridad pasmosa para asegurar que todo está bajo control. Incluso cuando resulta evidente que no lo está.

Ceuta ha vuelto a retratarlos. Por allí ha desfilado buena parte del Gobierno. Ministros de un departamento y de otro. Reuniones, fotografías, comparecencias. Sánchez también estuvo. Querían transmitir presencia institucional y han terminado encontrándose con algo bastante diferente: pitos, protestas y abucheos. Conviene que un Gobierno se pregunte por qué.

Porque no siempre quien protesta es un agitador ni quien abuchea pertenece a la oposición. A veces simplemente es un ciudadano harto. Alguien que ha visto cómo su ciudad quedaba desbordada mientras desde Madrid le explicaban que la respuesta estaba siendo adecuada.

Ese es uno de los grandes defectos de este Gobierno. La soberbia. Sus ministros llegan demasiadas veces a las crisis no para escuchar, sino para explicar. No para preguntar qué necesitan los afectados, sino para convencerles de que el Gobierno está haciendo exactamente lo que debe. Y cuando la realidad contradice el discurso, parece molestarles más la crítica que el problema.

Ocurrió durante la pandemia. Lo vimos con la dana, los apagones, los incendios o el caos ferroviario. Ahora vuelve a ocurrir en Ceuta.

Siempre aparece el mismo sabelotodo gubernamental dispuesto a explicar a los ciudadanos que aquello que están viendo con sus propios ojos no sucede exactamente como ellos creen.

Pero hay momentos en los que el relato se estrella contra la calle. Ceuta es uno de ellos.

Los ministros han ido buscando fotografías de normalidad y se han encontrado con ciudadanos indignados. Fueron para explicar su gestión y tuvieron que escuchar lo que muchos ceutíes opinaban de ella.

Quizá ahí esté la lección que Sánchez y los suyos nunca terminan de aprender. En una crisis no basta con hacerse presente. Hay que saber estar.

A.M. BEAUMONT

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