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El Rey Felipe VI durante un despacho con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palacio Real de la Almudaina.

Sánchez ataca al Rey para tapar sus graves problemas: estrategia suicida para seguir en el poder

La escalada de tensión entre Moncloa y la Corona suma un nuevo episodio después de las palabras de Pedro Sánchez sobre las visitas de Felipe VI a Ceuta y las críticas previas de Óscar Puente al monarca. Un enfrentamiento que Feijóo y Aznar enmarcan en una estrategia política de mayor alcance con la forma de Estado en el horizonte.

Benjamín López

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Óscar Puente abrió la veda y Pedro Sánchez la remacha. El Rey está en el punto de mira. No es un desliz de un ministro desbocado: es un plan. El más próximo a Moncloa acusó a Felipe VI de cruzar “una línea roja” por una fotografía, la tildó de “intolerable” y “ignominia”, reivindicó su “alma republicana” y habló de la Monarquía en pasado: “ha sido útil”. Días después, el presidente sale a la SER, se compara con el Jefe del Estado, le atribuye “más de 20 años” de reinado -Felipe VI reina desde 2014- y le pregunta, con retintín, cuántas veces ha ido a Ceuta. Él, dice, es “el presidente que más ha ido”.

La secuencia no es casual. Llega tras el tirón de orejas del Rey por la crisis de Ceuta —decenas de miles de entradas ilegales, preocupación e indignación real, exigencia de que “no se repitan”— y tras el veto gubernamental a que el Monarca pisara la ciudad cuando más se le necesitaba. Ahora Moncloa “confirma” la visita… cuando se den las condiciones que ella misma fija. El Gobierno decide la agenda del Rey. Y la usa.

José María Aznar lo anticipó en mayo: las próximas generales se plantearán, en sus consecuencias, como constituyentes. La coalición de Sánchez promoverá que “el sistema constitucional se ha terminado”, que “la monarquía parlamentaria se ha terminado” y que España se configure como “una confederación de repúblicas nacionales”. Feijóo lo subrayó hace dos semanas: ataque “sin precedentes” a la Corona, “programa destituyente” que nadie ha votado y estrategia de partir el país en “dos bandos irreconciliables” para convertir las urnas en un plebiscito.

Ese es el cálculo maquiavélico de quien no conoce límite ni escrúpulo. Polarizar. Que no se vote su gobierno, su corrupción, su frontera rota y su cesión permanente. Que se vote monarquía o república. Que el debate deje de ser sobre España y pase a ser sobre la forma del Estado. Una huida hacia adelante para aferrarse a La Moncloa.

Es una estrategia suicida. Quien ataca al árbitro para tapar su propio fracaso no fortalece la democracia: la tensiona hasta el borde. El Rey no gobierna; Sánchez sí, y cada día lo hace peor. Convertir a Felipe VI en chivo expiatorio no borrará Ceuta, ni los sumarios, ni el desgaste. Solo revelará hasta dónde está dispuesto a llegar para no soltar el poder.

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