la mirilla
Sánchez agoniza y ya no habla como presidente

Pedro Sánchez y el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas
Llegó a rastras al Congreso de los Diputados. Subió a la tribuna un presidente que ya no habla como tal. No logró convencer ni aliados ni adversarios. Y, además, se topó con quien aspira a sucederle actuando como una alternativa de Gobierno.
Pedro Sánchez compareció en las Cortes 35 días después para explicar la crisis de Ceuta. Sin embargo, terminó aumentando las incertidumbres.
Alberto Núñez Feijóo utilizó sus quince minutos para decir qué habría hecho y qué considera urgente hacer.
Sánchez volvió a extraviarse en sus contradicciones. Aseguró que trabaja con evidencias mientras negaba las que no encajaban en su relato. Exculpó a Marruecos, aunque admitió que sus fuerzas de seguridad permitieron durante diez horas el cruce de la frontera por ilegales. Defendió que no hubo avisos capaces de anticipar la crisis, pero acabó leyendo parcialmente informes cuya existencia había sido puesta en duda por su propio Gobierno.
¿En qué quedó la responsabilidad atribuida a Rusia, Israel, Elon Musk y una internacional ultraderechista? Ayer desaparecieron del discurso. El relato construido durante semanas se deshizo en una mañana.
Tampoco aclaró por qué Interior y Defensa ofrecen más de un mes después versiones distintas sobre cómo entraron los inmigrantes. Ni por qué la advertencia del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, primero no existió y después quedó reducida a una llamada sobre entradas a nado.
Cuando un Gobierno necesita corregirse a sí mismo tantas veces, el problema ya no es de comunicación. Es de credibilidad. A Sánchez no le creen ya ni los suyos.
Feijóo entendió el momento. No se limitó a exigir responsabilidades. Explicó que habría asumido el mando único, reforzado la frontera y utilizado los instrumentos del Estado. Había visitado Ceuta tres veces mientras Sánchez permanecía ausente. Esa diferencia se notó claramente en la tribuna.
También pronunció la pregunta que hasta ahora sobrevolaba la política española sin entrar en el Congreso: “¿Qué sabe Marruecos de usted?”. El espionaje con Pegasus está acreditado; un posible chantaje, de momento, no. Pero Sánchez debe explicar qué información fue sustraída, por qué el asunto continúa rodeado de oscuridad y si guarda alguna relación con su incomprensible docilidad ante Rabat.
No hace falta demostrar esa hipótesis para juzgar lo ocurrido en Ceuta. Si Sánchez no sabía lo que se preparaba, falló. Si fue advertido y no actuó, su responsabilidad es todavía mayor. Y si después ha preferido proteger el relato marroquí antes que exigir respuestas, su continuidad al frente del Gobierno resulta difícilmente defendible.
Ayer Feijóo habló como quien ya está a punto de gobernar. Sánchez, como quien solo intenta ganar otro día en su agónica carrera de obstáculos.
España necesita algo más que un presidente dedicado a sobrevivir. Necesita elecciones.
A. M. BEAUMONT