ESdiario

Boqueando hacia ninguna parte

Vista aérea de una parte de la concentración por Ceuta en Madrid

Vista aérea de una parte de la concentración por Ceuta en MadridGABRIEL LUENGAS

Creado:

Actualizado:

Que el Gobierno de Sánchez lleva tiempo boqueando como una trucha fuera del agua es una realidad evidente. La diferencia está en que la trucha tiene, al menos, la decencia de no fingir que está disfrutando de la experiencia. El Gobierno, en cambio, boquea con discurso. Uno diferente cada día porque ninguno se sostiene veinticuatro horas.

Les da lo mismo todo. La trucha también haría lo que fuera por seguir en el río, aunque tenga que nadar contra corriente.

Hace unos días, miles de personas salieron a la calle para protestar por la invasión de Ceuta, pero no solamente por Ceuta. Y Sánchez lo sabe. Si tenía la esperanza de que, dejando que el asunto siguiera ocupando titulares, nos olvidaríamos de la monumental colección de escándalos y sospechas de corrupción con la que esta legislatura amenaza con pasar a la historia, el plan le ha salido peor que al que ha comprado una caravana diésel para ahorrar dinero en hoteles.

Nadie ahorra dinero en una caravana, y ya son muy pocos los fieles que no piden explicaciones ante la acumulación de despropósitos que estamos viendo, sin que podamos hacer gran cosa porque los padres de la Constitución nunca pensaron que tendríamos un presidente con los pies a varios kilómetros del tiesto.

No se puede saber cuántas personas acudieron a la protesta porque, como siempre, cada uno ve la feria como le va en ella. Pero, aceptando la cifra oficial de cincuenta mil personas solo en Madrid, no hay más que mirar la fotografía aérea para imaginarse lo que pueden ser ochenta mil entrando a saco en una ciudad como Ceuta. Un manifestante por cada irregular y aun faltarán otros treinta mil.

La estrategia que tan buenos resultados le ha dado otras veces —fabricar enemigos cuando no los hay y, cuando los hay, ampliarlos— aquí no cuela. Las razones de la pasividad del Gobierno serán las que sean y ojalá lleguemos a saberlo, pero lo que a pie de calle ni se va a olvidar ni se le va a perdonar a Sánchez es ese desprecio en bañador del que ha hecho gala durante todo el verano. La comparación de su foto entre las olas y la de la manifestación que, sin pretenderlo, nos hace ver la masa del problema barajando sus propias cifras oficiales es demoledora. Pónganlas juntas y verán como ustedes tampoco pueden dejar de hiperventilar.

tracking