la mirilla
El puerto de Ceuta, el último disparate de Sánchez

El ministro de Transportes, Óscar Puente
La gran especialidad política de Pedro Sánchez consiste en crear un problema y, cuando estalla, señalar a otro como culpable. Nunca falla. Ceuta es su último mojón.
Después de semanas de descontrol, ineptitud, decisiones tardías, contradicciones entre ministros y una alarmante sumisión ante Marruecos, el Gobierno ha encontrado la solución “mágica”: instalar a miles de inmigrantes llegados ilegalmente en el puerto de Ceuta.
Es difícil imaginar una ocurrencia más disparatada. El puerto no es un espacio cualquiera. Es una infraestructura vital para la ciudad. La principal conexión de los ceutíes con la Península. El lugar por el que entran pasajeros, mercancías y buena parte de cuanto necesita Ceuta para funcionar. Colapsarlo significa aumentar el aislamiento, la inseguridad y la angustia de una población que lleva más de un mes soportando las consecuencias de la incompetencia gubernamental.
Juan Jesús Vivas ha puesto el grito en el cielo. Y ha hecho bien. No por capricho ni por cálculo partidista, sino por sentido común y responsabilidad. Gobernar también consiste en advertir de que una orden es absurda antes de que cause daños mayores.
La respuesta del sanchismo ha sido la de siempre: insultar a quien discrepa. Óscar Puente acusa a Vivas de actuar como “peón de Feijóo”. Otros ministros le reprochan que no se someta al mando único. Para La Moncloa, obedecer significa callar incluso cuando Sánchez ordena marchar hacia el precipicio. Ordeno y mando. Y quien proteste, “facha”.
El Gobierno incapaz de impedir la entrada masiva pretende ahora imponer sus ocurrencias a quienes llevan semanas dando la cara sobre el terreno. Sánchez, primero, abandona a Ceuta para irse de vacaciones. Después invade sus competencias. Finalmente manda culpar a sus autoridades.
Los españoles empiezan a sacar conclusiones. Los sondeos sitúan a PP y Vox por encima de los 200 diputados y reflejan un creciente deseo de adelanto electoral.
No es raro. Sánchez convierte cada crisis en un desastre y cada desastre en una guerra contra todos los demás.
Ahora le ha tocado a Vivas y a los ceutís. Mañana será cualquier otro. El culpable nunca vive en La Moncloa.
A.M. BEAUMONT