la mirilla
La insoportable soberbia de Sánchez

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez
“Eso a Vivas, pregúntele”. Con esas cuatro palabras ha despachado Pedro Sánchez la situación de los menores que continúan sin tutela en las calles de Ceuta. Porque, supongo, no se refería a los niños ceutís que han pasado el verano confinados y, ahora, no pueden todavía acudir a sus colegios con normalidad.
Cuatro palabras que son pura soberbia, falta de empatía, frialdad y cinismo. Pero que sobre todo resumen la deserción de responsabilidades de un presidente del Gobierno más interesado en buscar culpables que en dar soluciones.
Nadie niega que la competencia sobre la tutela de los menores corresponde a la Ciudad Autónoma. Así es. Pero Sánchez sabe perfectamente que Ceuta no puede afrontar sola una emergencia de esta magnitud. Tampoco Juan Jesús Vivas controla la frontera, ni dirige la política exterior, ni negocia con Marruecos ni manda sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Vivas tampoco fue quien permitió que miles de personas entrasen irregularmente en territorio español. Pretender ahora que el presidente ceutí cargue en exclusiva con las consecuencias del fracaso gubernamental constituye un ejercicio de cinismo insuperable. Como ha dicho Cayetana Álvarez de Toledo en el Congreso: “Esta gente no tiene corazón, cabeza ni coraje”.
Sánchez habla de solidaridad cuando exige a las comunidades autónomas que acojan menores. Sin embargo, cuando le preguntan por quienes duermen y deambulan por las calles de Ceuta, se encoge de hombros y señala a Vivas. La solidaridad, al parecer, siempre es cosa de los demás.
Resulta especialmente cruel que el presidente utilice a unos niños abandonados para continuar su ofensiva política contra el PP. No son expedientes. No son números. Tampoco munición electoral. Son menores atrapados en una crisis que el Gobierno no supo prevenir, no ha sabido gestionar y ahora busca endosar a una ciudad desbordada.
Sánchez asegura que Ceuta “saldrá reforzada”. Pero cada vez que debe asumir una responsabilidad, abandona a los ceutíes a su suerte. O, incluso, les insulta. Para los discursos, Ceuta es España. Para los problemas, que le pregunten a Vivas.
Un presidente está para responder, proteger y resolver. Sánchez vive empeñado en señalar a otro y continuar caminando por el pasillo del Congreso. Cuatro palabras que son una dimisión moral.
A.M. BEAUMONT